Un celebrado humanista y que influyó mucho en la sociedad de su época fue Erasmo de Rotterdam (1469-1536), monje por disposición de sus autores y dispensado de sus votos monásticos por Julio II.
El Humanismo es el aspecto filosófico-literario del Renacimiento. Estudia, de un modo especial, los valores clásicos, los científicos, los filosóficos y, sobre todo, los antropológicos. Los humanistas muestran una gran predilección por los textos clásicos latinos y griegos.
Terminada la “Era conciliar” (1449), en la que se había ensayado con poca fortuna el gobierno democrático en la Iglesia, quedó restablecido el principio del Primado Pontificio sobre la Iglesia Universal.
Fue la llevada a cabo por los Reyes Católicos en España. Para ellos, la reforma del episcopado era la más urgente. Un episcopado digno era fundamental en la renovación de la Iglesia Española. Y, para ello, establecieron cuatro normas, que no fueron del agrado de la Curia romana.
La división de la Cristiandad en dos obediencias, una al Papa de Roma y otra al de Aviñón, creó una grave confusión en el mundo católico. Lo desconcertante fue que los sucesores del Papa romano y los del Papa aviñonés no mostraron gran interés en llegar a una solución.
La Edad Media fue la época de los contrastes. Tuvo un comienzo difícil para la Iglesia, como fue la cristianización de los pueblos bárbaros. Todos los esquemas de evangelización de la Iglesia Antigua se derrumbaron. Era una vuelta a empezar.
La inseguridad en Roma era tal que Benedicto XI (1303-1304) se trasladó a Perusa, su ciudad natal. Allí murió y allí los cardenales se reunieron para el nuevo cónclave. Fue elegido el arzobispo de Burdeos, Clemente V (1305-1314) y coronado en Lyón. El rey francés Felipe IV se entrevistó con el nuevo Papa y consiguió el nombramiento de nueve cardenales franceses.
Uno de los papas más desdichados que ha gobernado la Iglesia fue Bonifacio VIII (1294-1303). Dotado de grandes cualidades, excelente canonista, fuerte de carácter y enérgico en sus decisiones. Su gran desgracia fue el choque contra el más poderoso gobernante de la época, el rey francés Felipe IV el Hermoso.
Desde la segunda mitad del siglo XIII, la Europa cristiana entra en un largo período de recesión. Hasta ahora, la fe vinculaba a los pueblos europeos, desde ahora, será el sentimiento nacionalista el elemento aglutinante de cada pueblo.
Es frecuente que, en épocas de notable religiosidad, aparezcan errores y desviaciones en la fe y en la moral. Y así ocurrió en los comienzos de la Baja Edad Media. Una de las herejías más extrañas fue la secta de los “luciferianos”. Sus miembros sostenían que al Lucifer injustamente condenado al infierno había que rehabilitarlo; se les acusaba de seguir el maniqueísmo y de adorar al dios Amoneo en forma de gato negro.
La población de la Alta Edad Media se estructuraba en tres grandes grupos: los “laboratores” (agricultores), los “bellatores” (guerreros) y los “oratores” (clérigos). Los tres eran indispensables: unos daban de comer, otros defendían los territorios y propiedades y los últimos cuidaban de la salud espiritual de todos.
Hoy la Inquisición nos resulta totalmente inadmisible en sus medios, en su fin, en su eficiencia. Los medios, como el recurso a la tortura, fueron inadecuados; los mismos inquisidores no se fiaban de una retractación bajo torturas.
La Iglesia, durante el primer milenio, fue partidaria de la benignidad en el trato con los herejes. Tanto en Oriente como en Occidente, su norma fue la de emplear sanciones espirituales a delitos espirituales, como en el caso de la herejía.
El término “Inquisición” equivale a indagación, a investigación. Y en la historia se entiende como tal a una institución esencialmente religiosa en su origen y estructura, cuya misión es la de velar por la pureza de la fe, investigando sobre los posibles errores (“inquisitio”) y sancionándolos penalmente (“auto de fe”).
La tercera orden mendicante fue la del Carmelo. Hacia 1156, un caballero llamado Bertoldo de Calabria se retiró a la soledad del Monte Carmelo y se quedó a vivir en una cueva que, según la leyenda, había sido habitada por el profeta Elías.
Desde el siglo XII hasta el XVI, se difundió en Europa un curioso documento dirigido al episcopado y a los clérigos, cuyo autor era el mismísimo Lucifer: es la “Carta del diablo al clero”.
Las órdenes militares nacieron al calor de las Cruzadas. Y éstas no sólo tuvieron lugar en el Oriente Islámico, sino también en el Occidente Cristiano ocupado militarmente por el Islam. Éste es el caso de lo ocurrido en la Península Ibérica.
Fueron muchas y muy variadas. Las más importantes son: la Orden de San Juan de Jerusalén o de los Hospitalarios; la Orden del Temple o Templarios y la Orden de los Caballeros Teutónicos.
Con ocasión de las cruzadas, la Iglesia lanzó a los “caballeros” a luchar en el Oriente y a conquistar aquellos territorios para la cristiandad, con la obligación de defender los ideales cristianos. Era la mejor manera de canalizar los esfuerzos de aquellos hombres.
Uno de los rasgos más característicos de la Europa medieval fue la aparición de las órdenes militares. La Edad Media nace de una fusión de lo cristiano y de lo germánico. Sus personajes más representativos son los monjes y los soldados. Las órdenes militares eran una mezcla de ambos elementos: sus miembros son monjes-soldados.
Muerto el papa León IV, en el 855, en ese mismo año fue elegido papa Benedicto III (855-858). Es importante tener en cuenta esta cronología para rechazar enérgicamente la absurda leyenda de la papisa Juana.
Una de las grandes figuras del pontificado romano de todos los tiempos es la del papa Gregorio Magno. Nació hacia el 540 en el seno de una familia de patricios. Romano de pura sangre, cursó la carrera jurídica y, con 25 años, era prefecto de Roma.
Muy celebrado por sus escritos es san Ildefonso de Toledo (600- 665), de familia noble. Ingresó en el monasterio de Agali (cerca de Toledo). Elegido abad, estuvo presente en los concilios VIII y IX de Toledo, firmando sus actas.
Desde la conversión de Recaredo puede afirmarse que la casi totalidad de la población hispánica es católica. Por consiguiente, la cultura de esta época ofrece en España una dimensión religiosa muy notable, que llegó incluso en naciones vecinas.
De gran interés dogmático fue el Concilio XI toledano (675) por su exactitud en la exposición del misterio de la Trinidad, de la Encarnación y de la resurrección universal en conexión con la de
Cristo.
Los vándalos nunca llegaron a convertirse, se dedicaron al pillaje, arruinando los templos; después de corretear el centro y el sur español, marcharon a África (429).
El siglo V fue una época turbulenta para la cristiandad europea. Pueblos germánicos, acosados por los hunos, atraviesan el Danubio y el Rhin, e invaden el Imperio.
En la historia de la evangelización efectuada por la Iglesia desde sus orígenes, se han dado dos formas diferentes de conversión: la personal y la colectiva.
En el año 385, el emperador Máximo ordena la ejecución de un español, llamado Prisciliano. Era la primera pena de muerte aplicada, en este caso, a un obispo acusado de haber divulgado en Hispania la herejía gnóstica y de haber practicado artes mágicas e inmorales. San Martín de Tours, san Ambrosio y otros obispos se opusieron y condenaron tal determinación imperatorial.
La estima de la virginidad ha sido siempre una constante en la historia de la Iglesia. Y lo fue de una manera especial en los tres primeros siglos. Las alabanzas que tributa san Pablo a la vida en virginidad (1Cor 7, 25-35); la actitud de las cuatro hijas del diácono Felipe que permanecieron vírgenes (Hech 21, 9); la influencia y los escritos de los Padres de la Iglesia, como un san Ignacio de Antioquía o un san Justino o Atenágoras, contribuyeron a la exaltación de la virginidad en los comienzos de la Iglesia.