Si nos detenemos ante el retablo de Santa Bárbara, en la capilla catedralicia de su nombre, advertiremos que, centrado sobre el banco del mismo, aparece una tabla pictórica que la historiografía tradicional atribuye a la única pieza que resta de un antiguo altar que, hacia 1524, un canónigo llamado Gonzalo Sánchez sufragó con destino a la iglesia vieja. Nos hallamos ante una pintura goticista de principios del siglo XVI, atribuida a los pinceles de Fernando de Coca.