El pasado 31 de mayo, la tradición malagueña rememoró la invención del Santo Cristo de la Salud, custodio de la ciudad, de cuyo culto cuidaba el Ayuntamiento en contraposición a los otros patronos instituidos por la Iglesia. Ambos estamentos, el civil y el eclesiástico, condujeron respectivamente durante siglos a sus imágenes patronales hasta la Catedral cuando amenazaba una calamidad pública, celebrando ante ellas las rogativas de rigor.