La televisión ofrece lo que los intereses de la cadena de turno consideran oportuno. La televisión no es una ONG y por eso con frecuencia vemos cómo determinados programas de altísima calidad por su producción o contenidos humanos o culturales se van al garete por falta de audiencia o bien son relegados a altísimas horas de la madrugada donde comparten horario con gurús, adivinos y echadores de cartas.