Cuando, durante 1995-1996 y dirigido por la especialista Hasbach Lugo, se procedió a la restauración del retablo gótico de santa Bárbara, se descubrió que muchos elementos decorativos repartidos por el conjunto no eran sino simples añadidos que, en un indeterminado momento del siglo XVIII, se le pusieron con la intención de ornamentar lo que, quizás para la época, consideraban demasiado sobrio.