Como si se tratara de una maldición que se perpetúa, se pueden exponer numerosos ejemplos de cómo a lo largo de los siglos, intervenciones y obras acometidas en el ámbito de la Catedral de Málaga han quedado inconclusas.

El boceto del retablo de la capilla del Cristo de la Victoria del escultor aloreño José Navas Parejo
Boceto del retablo del Cristo de la Victoria del artista José Navas Parejo

Por supuesto, esta tara es más evidente en los elementos arquitectónicos, caso de la arquitectura exterior o el tabernáculo del altar mayor, pero también en numerosas piezas pertenecientes al mobiliario sacro, caso de altares y retablos. 

En la ilustración podemos observar el precioso diseño del conjunto que el escultor aloreño José Navas Parejo realizó en 1945 para la llamada capilla nueva, elegida por el cabildo como lugar de enterramiento para las víctimas de la Guerra Civil. 

De líneas sobrias, acorde a la impronta funeraria del recinto, el retablo no se daría por concluido hasta 1965 y, aunque en su mayor parte se respetó el boceto original, por cuestiones económicas se prescindió de incluir los dos monumentales ángeles que tocando trompetas hacen alusión a la advocación de Victoria impuesta al Crucificado de Alonso de Mena que preside la hornacina central, claramente modificada. 

Y, por el mismo motivo, se decidió dejar sin policromar las esculturas de los cuatro evangelistas que, finalmente, labró el prestigioso escultor jerezano Francisco Pinto Berraquero que tantas otras obras realizó en la década de los sesenta para nuestra Catedral por encomienda de su arcipreste Francisco Corrales.