Ocupando el sitio donde, hasta su destrucción en 1936, estuvo el retablo de san Blas, se bendijo en 1972 el sobrio retablo dedicado a la Virgen de Belén.
Desde que fuera recuperada en un rincón de las cubiertas donde estaba arrumbada, este objeto ha pasado a ser un elemento curioso para quienes visitan la Catedral.
La capilla catedralicia de san Rafael está presidida por un retablo que es reproducción fidedigna del anterior, destruido en 1936, a excepción del ático de este que es lo único que logró perdurar de aquel conjunto.
La tenacidad de investigadores como Manuel Olmedo Checa ha logrado hacer justicia a personajes españoles que contribuyeron a la independencia de los EE.UU., caso del militar malagueño Bernardo de Gálvez.
De la iglesia vieja, es decir, el edificio donde se desarrolló el culto catedralicio desde los tiempos de la reconquista castellana, desde fines del siglo XV, hasta que fue dedicado y consagrado el actual templo en 1588, hay más vestigios escritos que representaciones plásticas.
No cabe duda de que el retablo de santa Bárbara es el más valioso y mejor documentado de entre los que posee la Catedral. Pese a su antigüedad (de hecho recordemos que ya estuvo expuesto en la iglesia vieja, precursora de la actual Catedral), ha llegado hasta nuestros días en un aceptable estado de conservación ya que, salvo fragmentos de los doseletes, la copia que de la imagen titular hizo Fernando de Ortiz en el siglo XVIII y la sustitución del sagrario original por la tabla de san Gregorio donada por Enrique Rojas en el XIX, el conjunto mantiene toda su integridad.
En la recóndita capilla del jardín, de la que ya hemos tratado en anteriores ocasiones, se puede observar a ambos lados de la hornacina que da cobijo al arcaico Crucificado que allí se venera, un par de interesantes cartelas.
En la embocadura del coro catedralicio, llama poderosamente la atención una insignia sorprendente por su forma de sombrilla que es el umbráculo o pabellón basilical, porque eso es precisamente su función: hacer patente que la Catedral de Málaga tiene rango de basílica menor, siéndole otorgado por el papa Pío IX, hoy beato de la Iglesia.
Es muy fácil rastrear en las iglesias andaluzas reproducciones de la mejicana Virgen de Guadalupe, veneradísima en toda la América Hispana y cuya devoción trasladaron a nuestra tierra cuantos antepasados nuestros regresaron de aquel continente.
La reja más particular de todas las que en la Catedral protegen las capillas y demás espacios es la que se encuentra instalada en la capilla del Sagrado Corazón de Jesús.
Los trastornos parejos al paso del tiempo han trastocado con frecuencia advocaciones y capillas en la Catedral.
De los muchos relicarios que atesora la Catedral, nos fijaremos en esta ocasión en una cruz de forma trebolada, confeccionada en madera de olivo y labores de taracea, que se encuentra enmarcada y expuesta en uno de los muros de la sacristía.
Encima de los magníficos púlpitos catedralicios labrados en mármol, se encuentran los tornavoces que es como se denomina a las monteras de madera tallada y sobredorada que, además de cumplir una función estética servían, antes de la invención de la megafonía, para que la voz de los predicadores repercutiera y se oyera mejor.
La vida de Juan Coronado, allá por el siglo XVIII, estuvo siempre ligada a la Catedral de la que fue empleado en su condición de artesano, de modo que lo mismo ejerció de pintor de brocha gorda que de artífice de fino pincel.
De las estancias proyectadas para la Catedral cuya construcción no llegaría a materializarse, una de las más notorias es la sacristía.
Coincidiendo con la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, traemos a las páginas de DIÓCESISMÁLAGA una de las tantas representaciones sobre esta iconografía que atesora nuestra Catedral.
Nuevamente, iniciamos el periodo de Adviento como preparación espiritual al nacimiento de Cristo, y qué mejor que ilustrarlo con el simbolismo mariano de la Puerta.
Custodia la Catedral el relicario de un beato que, paradójicamente, fue regalado en su momento por un personaje que, andando el tiempo, gozaría de la misma categoría. Los antecedentes de esta donación se remontan a cuando la Congregación de Ritos de Roma nombró al obispo de Málaga Marcelo Spínola comisionado para supervisar la inspección de los restos de fray Diego José de Cádiz, uno de los pasos previos a su beatificación.
En lo más alto del tabernáculo academicista que preside el presbiterio de la Catedral se alza, solemne e hierática, la figura de la Fe. Concebida como una joven matrona, fue esculpida en mármol, como el resto del conjunto, por el artífice suizo José Frapolli, autor de numerosas esculturas en el cementerio de San Miguel y en el Inglés de Málaga.
Una vez más, apelamos a la observación de los lectores de DIÓCESISMÁLAGA, para que reparen en los relieves contenidos en los chaflanes del facistol, que es como se denomina el gigantesco atril que se encuentra ubicado en el centro de la sillería coral de nuestra Catedral.
Rematando las cúspides de las imponentes moles arquitectónicas que son las cajas de los dos órganos catedralicios, podemos observar a un angelote tocando un clarín.
Si nos detenemos ante el retablo de Santa Bárbara, en la capilla catedralicia de su nombre, advertiremos que, centrado sobre el banco del mismo, aparece una tabla pictórica que la historiografía tradicional atribuye a la única pieza que resta de un antiguo altar que, hacia 1524, un canónigo llamado Gonzalo Sánchez sufragó con destino a la iglesia vieja. Nos hallamos ante una pintura goticista de principios del siglo XVI, atribuida a los pinceles de Fernando de Coca.
En este mes de octubre, dedicado especialmente al rezo del santo rosario, no podemos por menos que traer a las páginas de DiócesisMálaga el cuadro de la Virgen que, bajo esta advocación, cuelga del muro derecho de la capilla catedralicia de la Inmaculada.
Por el sitio donde se encuentra y sus características, es difícil que alguien no repare en el lienzo oval de más de cinco metros colgado en el muro interior de la fachada principal catedralicia. Es precisamente su tamaño el que ha propiciado que se cuenten cosas erróneas sobre él, sobre todo, eso de que se encuentra pintado sobre la piel extendida de un elefante.
En la mañana del 10 de enero de 1792, el entonces deán Manuel Trabuco Belluga recibió en su casa la visita anunciada de Francisco de Paula Fernández de Córdoba y Lasso de la Vega, IV marqués del Vado del Mestre, conde de la Puebla del Maestre y Grande de España de segunda clase.