Coincidiendo con la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, traemos a las páginas de DIÓCESISMÁLAGA una de las tantas representaciones sobre esta iconografía que atesora nuestra Catedral.
Nuevamente, iniciamos el periodo de Adviento como preparación espiritual al nacimiento de Cristo, y qué mejor que ilustrarlo con el simbolismo mariano de la Puerta.
Custodia la Catedral el relicario de un beato que, paradójicamente, fue regalado en su momento por un personaje que, andando el tiempo, gozaría de la misma categoría. Los antecedentes de esta donación se remontan a cuando la Congregación de Ritos de Roma nombró al obispo de Málaga Marcelo Spínola comisionado para supervisar la inspección de los restos de fray Diego José de Cádiz, uno de los pasos previos a su beatificación.
En lo más alto del tabernáculo academicista que preside el presbiterio de la Catedral se alza, solemne e hierática, la figura de la Fe. Concebida como una joven matrona, fue esculpida en mármol, como el resto del conjunto, por el artífice suizo José Frapolli, autor de numerosas esculturas en el cementerio de San Miguel y en el Inglés de Málaga.
Una vez más, apelamos a la observación de los lectores de DIÓCESISMÁLAGA, para que reparen en los relieves contenidos en los chaflanes del facistol, que es como se denomina el gigantesco atril que se encuentra ubicado en el centro de la sillería coral de nuestra Catedral.
Rematando las cúspides de las imponentes moles arquitectónicas que son las cajas de los dos órganos catedralicios, podemos observar a un angelote tocando un clarín.
Si nos detenemos ante el retablo de Santa Bárbara, en la capilla catedralicia de su nombre, advertiremos que, centrado sobre el banco del mismo, aparece una tabla pictórica que la historiografía tradicional atribuye a la única pieza que resta de un antiguo altar que, hacia 1524, un canónigo llamado Gonzalo Sánchez sufragó con destino a la iglesia vieja. Nos hallamos ante una pintura goticista de principios del siglo XVI, atribuida a los pinceles de Fernando de Coca.
En este mes de octubre, dedicado especialmente al rezo del santo rosario, no podemos por menos que traer a las páginas de DiócesisMálaga el cuadro de la Virgen que, bajo esta advocación, cuelga del muro derecho de la capilla catedralicia de la Inmaculada.
Por el sitio donde se encuentra y sus características, es difícil que alguien no repare en el lienzo oval de más de cinco metros colgado en el muro interior de la fachada principal catedralicia. Es precisamente su tamaño el que ha propiciado que se cuenten cosas erróneas sobre él, sobre todo, eso de que se encuentra pintado sobre la piel extendida de un elefante.
En la mañana del 10 de enero de 1792, el entonces deán Manuel Trabuco Belluga recibió en su casa la visita anunciada de Francisco de Paula Fernández de Córdoba y Lasso de la Vega, IV marqués del Vado del Mestre, conde de la Puebla del Maestre y Grande de España de segunda clase.
No tiene especial relieve ni valor artístico, pero en sí es un objeto que nos retrotrae a los usos de otras épocas. Quien sea observador, habrá reparado en una corona de madera dorada que se encuentra sobre un arcón existente en la capilla catedralicia de San Francisco.
Bien se puede decir que la Catedral de Málaga es una gran pinacoteca, ya que, repartidas en sus capillas y dependencias, existen cerca de trescientas pinturas.
Siglos atrás la indefensión ante las enfermedades, por lo rudimentaria de la ciencia médica de entonces, incentivó la veneración a los santos buscando en sus historias alguna conexión que los relacionase con la curación de las dolencias.
Sin uso, desde que fuera reemplazado en 1973 por la actual automatizada, la antigua maquinaria del reloj de la torre catedralicia se encuentra depositada en la capilla de San Sebastián.
Cuando llegó el momento de reponer en la Catedral el patrimonio perdido en la Guerra Civil, el Cabildo contrató los servicios del tallista rondeño Miguel Sánchez Ruiz, quien contó con la colaboración del pintor Luis Ramos Rosas.
En la parte opuesta del crucero sur, a la izquierda de la puerta del Sol y frontero al altar de San Ramón Nonato, podemos admirar el altar de San Miguel, que completa la presencia de los tres arcángeles canónicos en la Catedral de Málaga.