El periodo estival no es tiempo de paz ni de tregua en Gaza, Ucrania, Siria, Yemen, Sudán, Haití o en tantos otros lugares del mundo. No podemos permanecer indiferentes ante el prolongado sufrimiento que provocan los guerras y conflictos armados en tantas latitudes. Vivimos en un mundo donde todo está conectado. Urge una alianza de creyentes en favor del evangelio de la vida y la cultura de la paz. Una alianza que invite a la conversión personal y relacional para hacer de cada creyente y comunidad católica un signo e instrumento de la paz de Dios.