Son muchas las personas que tanto en vida como en sus últimas voluntades manifiestan el deseo de que su patrimonio pueda contribuir de forma permanente al bienestar de la sociedad, sobre todo de los más desfavorecidos, mediante la constitución de una Fundación. Y son muchos los que acuden en busca de la Iglesia Católica para que forme parte de dicha fundación y así vele para que la administración de dicho patrimonio se oriente a los fines caritativos para la que fue constituida.