Tres han sido los grandes periodos de evangelización en el curso de la Historia de la Iglesia: la conversión de los primeros cristianos, en la que predominó el convencimiento personal, dada la elevada cultura de griegos y romanos; la conversión de los pueblos germánicos, en la que el bautismo se recibió de una manera masiva o colectiva y la evangelización en la Edad Moderna, en la que unos pueblos se hicieron cristianos masivamente, como ocurrió en Iberoamérica, deslumbrados por la superioridad cultural y militar española y portuguesa y otros pueblos, como los del Lejano Oriente, que poseyendo una elevada cultura, recibieron el bautismo por convicción personal, ante unos métodos evangelizadores muy adecuados.
Otra manifestación de la rica vitalidad religiosa del siglo XVI fue la creación de nuevas formas de vida religiosa que contribuyeron eficazmente a la difusión de los ideales de reforma. Unos sirvieron a la Iglesia desde una perspectiva intelectual.
El deseo de una reforma eficaz en el seno de la Iglesia condujo inevitablemente a una renovación de las órdenes religiosas ya existentes. Este fenómeno no era nuevo. Ocurrió con frecuencia en la época medieval, como bien lo ilustran las diversas reformas benedictinas.
Fueron los papas del último tercio del siglo XVI quienes, personalmente, emprendieron con eficacia las reformas establecidas en Trento.
Mucho se ha discutido sobre la terminología que debe utilizarse a la hora de titular este momento trascendental de la Historia de la Iglesia. ¿Fue una Reforma o una Contrarreforma? Es decir, ¿fue una reforma surgida en el seno del catolicismo, o una reacción contra la innovación protestante?
El tema es de actualidad. El papa Francisco ha dispuesto que se abra una comisión que analice y que estudie a fondo lo que fue en la historia el diaconado femenino, dada la importancia de la mujer en la Iglesia de todos los tiempos.
La ciudad imperial de Trento fue elegida para la celebración de un concilio. Ante la confusión originada en el mundo cristiano por el pensamiento e ideología de Lutero, la Iglesia sale al paso convocando un concilio, con el fin de precisar la doctrina y el dogma católicos. Pues Lutero creó un cristianismo diferente, un nuevo modo de entender la fe en la Iglesia.
Todo comenzó con un cisma. El rey inglés Enrique VIII (1509-1547), al negarse el Papa a la declaración de nulidad de su matrimonio con su legítima esposa Catalina de Aragón, se autoproclamó cabeza de la Iglesia de Inglaterra (“Acta de supremacía”).
Juan Calvino (1509-1564) es, junto con Lutero, el más importante de los reformadores. Nació en Noyon (Picardía, Francia). Estudió leyes en Orleans y Bourges. En París, orienta sus estudios hacia las humanidades.
Su verdadero fundador e impulsor fue Martin Lutero (1483-1546). Lutero nace y muere en Eislaben (Sajonia). El padre era minero, la madre una mujer dura y violenta. Desde su infancia sufrió graves trastornos emocionales. Estudió en varias ciudades, siendo su formación esencialmente nominalista.
Uno de los factores que más influyeron en la revolución luterana fue el antagonismo Alemania-Italia existente desde el pasado medieval y reflejado en las luchas de los gibelinos (imperiales) contra los gu
Las causas y motivos de la revolución protestante son muchas y complejas. Hasta comienzos del siglo XX, historiadores, tanto católicos como protestantes han sostenido que el origen de la insurrección luterana fue debido a la inmoralidad en la jerarquía católica y en el pueblo cristiano. Hoy nadie admite esta interpretación.
Cuatro grandes rupturas han ocurrido en el seno del cristianismo y, por consiguiente, de la Iglesia.
Desde finales del siglo XIV hasta mediados del XVI, aparecen en la Europa cristiana una serie de reformadores que intentan llevar a cabo una transformación radical en la Iglesia.
Comienza el gobierno de estos papas en el Pontificado de Nicolás V (1447-1455), un docto humanista, el fundador de la Biblioteca Vaticana.
Asistimos a una época de debilitación de la autoridad pontificia. A partir de Avignon, el papado pierde su universalismo. Los ingleses ven en el Papa a un francés y no a un Papa (Guerra de los Cien Años).
Un celebrado humanista y que influyó mucho en la sociedad de su época fue Erasmo de Rotterdam (1469-1536), monje por disposición de sus autores y dispensado de sus votos monásticos por Julio II.
El Humanismo es el aspecto filosófico-literario del Renacimiento. Estudia, de un modo especial, los valores clásicos, los científicos, los filosóficos y, sobre todo, los antropológicos. Los humanistas muestran una gran predilección por los textos clásicos latinos y griegos.
Terminada la “Era conciliar” (1449), en la que se había ensayado con poca fortuna el gobierno democrático en la Iglesia, quedó restablecido el principio del Primado Pontificio sobre la Iglesia Universal.
Fue la llevada a cabo por los Reyes Católicos en España. Para ellos, la reforma del episcopado era la más urgente. Un episcopado digno era fundamental en la renovación de la Iglesia Española. Y, para ello, establecieron cuatro normas, que no fueron del agrado de la Curia romana.
La división de la Cristiandad en dos obediencias, una al Papa de Roma y otra al de Aviñón, creó una grave confusión en el mundo católico. Lo desconcertante fue que los sucesores del Papa romano y los del Papa aviñonés no mostraron gran interés en llegar a una solución.
La Edad Media fue la época de los contrastes. Tuvo un comienzo difícil para la Iglesia, como fue la cristianización de los pueblos bárbaros. Todos los esquemas de evangelización de la Iglesia Antigua se derrumbaron. Era una vuelta a empezar.
La inseguridad en Roma era tal que Benedicto XI (1303-1304) se trasladó a Perusa, su ciudad natal. Allí murió y allí los cardenales se reunieron para el nuevo cónclave. Fue elegido el arzobispo de Burdeos, Clemente V (1305-1314) y coronado en Lyón. El rey francés Felipe IV se entrevistó con el nuevo Papa y consiguió el nombramiento de nueve cardenales franceses.
Uno de los papas más desdichados que ha gobernado la Iglesia fue Bonifacio VIII (1294-1303). Dotado de grandes cualidades, excelente canonista, fuerte de carácter y enérgico en sus decisiones. Su gran desgracia fue el choque contra el más poderoso gobernante de la época, el rey francés Felipe IV el Hermoso.