Desde la segunda mitad del siglo XIII, la Europa cristiana entra en un largo período de recesión. Hasta ahora, la fe vinculaba a los pueblos europeos, desde ahora, será el sentimiento nacionalista el elemento aglutinante de cada pueblo.
Es frecuente que, en épocas de notable religiosidad, aparezcan errores y desviaciones en la fe y en la moral. Y así ocurrió en los comienzos de la Baja Edad Media. Una de las herejías más extrañas fue la secta de los “luciferianos”. Sus miembros sostenían que al Lucifer injustamente condenado al infierno había que rehabilitarlo; se les acusaba de seguir el maniqueísmo y de adorar al dios Amoneo en forma de gato negro.
La población de la Alta Edad Media se estructuraba en tres grandes grupos: los “laboratores” (agricultores), los “bellatores” (guerreros) y los “oratores” (clérigos). Los tres eran indispensables: unos daban de comer, otros defendían los territorios y propiedades y los últimos cuidaban de la salud espiritual de todos.
Hoy la Inquisición nos resulta totalmente inadmisible en sus medios, en su fin, en su eficiencia. Los medios, como el recurso a la tortura, fueron inadecuados; los mismos inquisidores no se fiaban de una retractación bajo torturas.
La Iglesia, durante el primer milenio, fue partidaria de la benignidad en el trato con los herejes. Tanto en Oriente como en Occidente, su norma fue la de emplear sanciones espirituales a delitos espirituales, como en el caso de la herejía.
El término “Inquisición” equivale a indagación, a investigación. Y en la historia se entiende como tal a una institución esencialmente religiosa en su origen y estructura, cuya misión es la de velar por la pureza de la fe, investigando sobre los posibles errores (“inquisitio”) y sancionándolos penalmente (“auto de fe”).
La tercera orden mendicante fue la del Carmelo. Hacia 1156, un caballero llamado Bertoldo de Calabria se retiró a la soledad del Monte Carmelo y se quedó a vivir en una cueva que, según la leyenda, había sido habitada por el profeta Elías.
Desde el siglo XII hasta el XVI, se difundió en Europa un curioso documento dirigido al episcopado y a los clérigos, cuyo autor era el mismísimo Lucifer: es la “Carta del diablo al clero”.
Las órdenes militares nacieron al calor de las Cruzadas. Y éstas no sólo tuvieron lugar en el Oriente Islámico, sino también en el Occidente Cristiano ocupado militarmente por el Islam. Éste es el caso de lo ocurrido en la Península Ibérica.
Fueron muchas y muy variadas. Las más importantes son: la Orden de San Juan de Jerusalén o de los Hospitalarios; la Orden del Temple o Templarios y la Orden de los Caballeros Teutónicos.
Con ocasión de las cruzadas, la Iglesia lanzó a los “caballeros” a luchar en el Oriente y a conquistar aquellos territorios para la cristiandad, con la obligación de defender los ideales cristianos. Era la mejor manera de canalizar los esfuerzos de aquellos hombres.
Uno de los rasgos más característicos de la Europa medieval fue la aparición de las órdenes militares. La Edad Media nace de una fusión de lo cristiano y de lo germánico. Sus personajes más representativos son los monjes y los soldados. Las órdenes militares eran una mezcla de ambos elementos: sus miembros son monjes-soldados.