Con la Solemnidad de Cristo Rey, finaliza el año litúrgico. Celebramos una fiesta preciosa y preciada. Sitúa ante la evidencia de que todos participamos del reinado de Cristo, un reinado que, alejado de ideologías y presupuestos políticos, emerge desde el corazón del Evangelio como semilla, como algo muy sencillo que crece y ayuda a vivir.