Soy de la opinión de que, además de hablar con Dios, debemos hablar de Dios. Sí, ya sé que cuesta trabajo, que no nos van a entender, que la gente no está por la labor. Pero te puedes llevar sorpresas, grandes sorpresas. Los católicos tenemos un pudor incomprensible a manifestar nuestras creencias y la profundidad de nuestro encuentro con el Señor. Parece que no se lleva. Sin embargo, cuando estamos entre “los nuestros”, nos hinchamos a manifestar nuestra cercanía con Jesús de Nazaret.