Un 7 de diciembre de 1944, “brotó esta escogida flor, en el frondoso jardín de la Iglesia…, al calor de las palabras siempre fecundas del Divino Maestro: “El Evangelio es anunciado a los pobres”. Con estas palabras, Francisco Blanco Nájera pronuncia con claridad en la “Idea Sucinta” lo que las Misioneras del Divino Maestro y los Cooperadores Seglares del Divino Maestro somos en la Iglesia a la luz e intuición que el Espíritu Santo derrama sobre su propia vida y la de Madre Soledad de la Cruz.