El pasado día 12 de febrero en el aeropuerto de La Habana, en Cuba, lejos del escenario en el que hace un milenio se produjo la división entre el Oriente y el Occidente cristiano, se realizó el milagro: los líderes de la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa rusa por fin se abrazaban, dejando que la cercanía de ambos corazones rompiesen las barreras que los factores históricos, culturales y teológicos habían levantado durante siglos.