No existe ninguna sabiduría en los prejuicios y, sin embargo, éstos se arraigan de tal manera, que son muy difíciles de anular, e incluso llegan a tomar categoría de verdades, por esto es necesario conocer antes de juzgar, para que nunca dejemos hipotecado un recurso que, con mínimos riesgos, pueda aliviar el sufrir humano.