Cuando el consumidor de drogas pide ayuda y se reconoce enfermo, generalmente la enfermedad se ha desarrollado en su totalidad y ha llegado a una situación límite. La droga ha hipotecado su vida durante un periodo de tiempo, que incluso no siendo prolongado siempre es intenso, y en función de ella ha vivido unos estados alterados de conciencia, con fases de duerme-vela alternando con los de alerta máxima para conseguir la próxima dosis; ha vivido alejado de la realidad objetiva y confundiendo días y noches.