En 1637 una terrible epidemia de peste azotó Málaga. La ciudad se acogió a la intercesión de sus santos protectores y también a la del piadoso obispo de Cuenca, san Julián, cuya popularidad y devoción se vieron sensiblemente incrementadas al finalizar el contagio.
Cualquiera que sea observador habrá reparado en la parte truncada de un fuste de columna estriada, de piedra, adosada a la entrada del coro, justamente en la esquina izquierda del mismo según se traspasa la reja que lo cierra.
De los sesenta y dos obispos que han regido la diócesis malacitana, tres han subido a los altares, y aún pudimos añadir un cuarto. Se trata de fray Francisco de San José, quien rigió esta iglesia local entre 1704 a 1713.
El artista flamenco Miguel Manrique fue el gran renovador del panorama pictórico malagueño del XVII. Después de una presunta formación en Amberes en el taller de Peter Paul Rubens continuada en Génova junto a Giovan Andrea Ferrari y Cornelius de Waal, aparece establecido en Málaga en torno a 1635.
Fernando Ortiz es el más destacado escultor de la Málaga del XVIII y uno de los más relevantes del panorama español del momento. Académico de Mérito por la Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid desde 1756.
Hoy lo anunciamos y pronto te lo ponemos en bandeja. Será algo muy sencillo, muy bonito y muy relajante para leerlo en el verano que comienza y, a la vez, será un cóctel explosivo por lo que es en sí y por quienes te lo van a contar en esta hoja.