De entre las pinturas existentes en la Catedral, hay una pequeña porción que, más que por sus valores artísticos, sobresale por la rareza de su iconografía. Tal es el caso de uno de los lienzos que cuelga de los muros de la capilla de Santa Bárbara que, como suele ocurrir, no puede ser admirado como se debiera por la excesiva altura de su ubicación, justamente encima del altar de la Asunción.
El anónimo artista que lo realizó, hacia el siglo XVII, plasmó “La disputa de san Jerónimo con los judíos”, algo que nos remite a la Jerusalén del siglo IV, cuando este Padre de la Iglesia estaba afanado en la traducción al latín de las Sagradas Escrituras. La escena se desarrolla en torno a una mesa en la que aparece el santo, que blande una pluma y sujeta un libro, vislumbrándose detrás tres figuras que, como él, visten anacrónicamente los hábitos de la orden jerónima, que fue fundada en Castilla en el siglo XIV. Los litigantes, en la parte izquierda de la composición, muestran en sus semblantes y gestos su contrariedad por los razonamientos que escuchan de los labios de un sereno san Jerónimo.
Recordemos que el autor de la Vulgata adquirió fama por las disputas que mantuvo, tanto con judíos como con herejes cristianos, caso de los seguidores de Pelagio, cuya doctrina negaba, entre otras proposiciones, la existencia del pecado original, defendiendo que, por tanto, los hombres nacían libres de toda culpa ya que, decía, era injusto que pagaran por el pecado que había cometido Adán.
