En la mañana del Miércoles Santo, la Catedral de Málaga acogió la celebración de la Misa Crismal, la primera que preside Mons. Satué como obispo de Málaga.

«Me gusta preparar la Misa Crismal con la lista de sacerdotes y diáconos delante, rezando por cada uno»
Celebración de la Misa Crismal en la Catedral de Málaga LAZARUS
Homilía Mons. Satué en la Misa Crismal

Una Eucaristía concelebrada por el obispo emérito de Pamplona Tudela, Francisco Pérez, y numerosos sacerdotes y religiosos llegados de todos los puntos de la diócesis de Málaga.

Los sacerdotes, religiosos y diáconos se reunieron en el trascoro del primer templo malagueño para revestirse y compartir una celebración con dos momentos muy especiales: la renovación de sus promesas sacerdotales y diaconales, y la bendición de los santos óleos. Desde la sacristía se les unían, en procesión, el Obispo, los vicarios, los formadores del Seminario y el Cabildo Catedral.

En su homilía (que pueden leer completa aquí), Mons. Satué hacía una confesión: «La Misa Crismal es, para mí, una de las celebraciones más intensas de todo el año litúrgico. Me gusta prepararla despacio: con la lista de sacerdotes y diáconos delante, rezando por cada uno, y con el Misal abierto, releyendo sus comentarios y oraciones».

Y recordaba las tres actitudes con las que comenzó su ministerio episcopal el pasado 13 de septiembre: humildad, misión y coherencia.

D. José Antonio animaba a los sacerdotes y diáconos a «resistir –con la ayuda de Dios– la tentación de negar la verdad de nuestra fragilidad, de enseñar el Evangelio como si no fuéramos torpes discípulos, de ejercer el ministerio desde la superioridad frente a laicas y laicos, o de menospreciar en la tarea evangelizadora a la gente sencilla, a las realidades pequeñas y a los medios humildes. Sí, hermanos sacerdotes, somos y estamos llamados a ser, cada día con mayor autenticidad, transparencia sacramental de Cristo, humilde de corazón».

Y los alentaba a la misión para que así «“todos, todos, todos”, también quienes habitan nuestras periferias concretas –Melilla, los pueblos más pequeños y alejados de la capital, o la misión en Caicara del Orinoco– podrán experimentar con más fuerza la ternura y la salvación de Dios».

Recordando también la actitud de la coherencia porque «no basta con anunciar su palabra y actuar en su nombre; es necesario abrirle cada día nuestro corazón y permitirle transformar desde nuestra sensibilidad más profunda hasta la manera en que nos relacionamos con los hermanos sacerdotes, con la feligresía y con quienes no participan en nuestras actividades, sin descuidar la relación con nosotros mismos».

También tuvo palabras para los cientos de seglares que acompañaban a sus sacerdotes en la celebración a quienes invito a pedir al «Señor de la mies que envíe obreros a su mies y rezad por los sacerdotes y por mí, para que nunca nos apartemos del camino de Jesús: humilde, misionero y coherente».

Santos Óleos

Mons. Satué bendijo los Santos Óleos y consagró el Santo Crisma, cuyas ánforas portaron los arciprestes Manuel Jiménez y Wilfer Darío Alzate; y los diáconos José Antonio Aguilar, José Francisco Fernández, Julio Morales y Salvador Martín.

El óleo de los catecúmenos se usa para ungir a los que están preparándose para el bautismo; el óleo de los enfermos, en el sacramento de la unción de los enfermos; y el santo crisma, en ordenaciones, confirmaciones, bautizos y consagraciones de altares e iglesias.

Para preparar el Santo Crisma, el Obispo mezcla una porción de perfume con el aceite, con lo que se expresa que el aceite es fecundado por la gracia del Espíritu Santo simbolizado en el perfume; también recuerda el buen olor a Cristo que deben propagar los que son ungidos con él.

Al concluir la celebración, los arciprestes se acercaron al trascoro de la Catedral para recoger los óleos y entregarlos en los próximos días a los sacerdotes de su zona. 

Santo Crisma y Santos Óleos no son lo mismo

El Santo Crisma proviene de la palabra latina “chrisma”, que significa “unción”. El Crisma es el aceite con el cual son ungidos los nuevos bautizados, son signados los que reciben la confirmación y son ordenados los obispos y sacerdotes. También se emplea en la dedicación de las nuevas iglesias, la consagración de los nuevos altares o la consagración de campanas.

El Santo Crisma representa la gracia del Espíritu Santo, y está compuesto por una mezcla de aceite de oliva y de perfumes, por lo que, como dice san Pablo en su Segunda Carta a los Corintios, nos ayuda a “desprender el buen olor de Cristo”. El Santo Crisma no se bendice, sino que se consagra, por lo que lleva el sello del don del Espíritu Santo.

Los Santos Óleos son dos: el de los catecúmenos y el de los enfermos. Ambos se bendicen, no se consagran como ocurre con el Santo Crisma. El de los catecúmenos se impone justo antes del bautismo y el de los enfermos, en la Unción.