El misionero comparte su mensaje por el Día de la Misión Diocesana con la Iglesia en Málaga y Melilla.
En la oportunidad de celebrar la Jornada Anual de la Misión Diocesana, os escribo desde el corazón de esta Misión, situado en el extenso Municipio General Manuel Cedeño, en el Estado Bolívar (Venezuela), en la zona de La Urbana y Los Pijiguaos, que es donde resido, y tiene como referencia eclesial dos templos parroquiales: Ntra. Sra. del Carmen (La Urbana) y Ntra. Sra. del Valle (Morichalito-Los Pijiguaos-).
Desde aquí nos unimos a ustedes en comunión de sentimientos, oración y fraternidad, reflejando así el rostro de una Iglesia misionera, sinodal, jovial y alegre que vive, celebra y da testimonio de la “alegría del Evangelio”, particularmente este año 2026, en el que alcanzamos 40 años de Misión Diocesana (1986-2026), por el Acuerdo de Cooperación y Ayuda Fraterna entre la Diócesis de Málaga (España) y la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar (Venezuela), en la que la Diócesis de Málaga ha aportado personas (seglares, sacerdotes), bienes y apoyo económico.
Iniciamos este año en medio de situaciones excepcionales que todavía marcan nuestras vidas como Pueblo y como Iglesia. A comienzos de enero se produjo una intervención del gobierno de los Estados Unidos, llevándose preso al que fungía como Presidente de la República, hecho que muchos deseaban, pero nos ha dejado en una situación de “interinato” que persiste hasta estos días y que muchos estiman que no es conveniente.
El pasado 24 de junio, dos sismos, muy seguidos de 7,2º y 7,5º en la Escala de Richter, con numerosas réplicas que todavía siguen produciéndose (hace dos días de 5,4º) han afectado, sobre todo, gran parte del Litoral caribeño, varios sectores de la capital, Caracas y parte de la región Centro, principalmente, los Estados Aragua, Carabobo, Yaracuy y Lara y que nos han sumido en una sensación de vulnerabilidad, precariedad y necesidades extremas que ya se venían arrastrando de años atrás por las malas políticas practicadas.
La rápida respuesta a nivel mundial, enviando equipos de rescate y donaciones en alimentos, medicinas, materiales útiles para estas situaciones de emergencia como carpas, hospitales de campaña, depuradoras de aguas, generadores eléctricos…, han abierto una puerta a la esperanza. He tenido también noticias de malagueños formando parte de equipos de rescate trabajando en La Guaira.
Seguimos viviendo estos acontecimientos últimos con profundo dolor y empatía con los damnificados, la respuesta dentro del país para con ellos ha sido como un ciclón de solidaridad, en lo material y espiritual, y es la Iglesia Católica la que ha abanderado, a través de Cáritas, esta respuesta inmediata de atención, acogida, acompañamiento y ayuda a los damnificados.
En el entorno más cercano de la Misión Diocesana y, en estas parroquias que sirvo, atendimos de inmediato el llamado a la solidaridad con los afectados, celebraciones de la Eucaristía, vigilia y momentos de oración que seguimos realizando; facilitamos el local de Cáritas parroquial como Centro de Acopio para damnificados y, en tres días escasos, colectamos 1.300 kg de insumos, sobre todo, alimentos no perecederos, ropa y zapatos, insumos médicos y artículos de higiene que pudimos enviar al Centro de Acopio de Cáritas Arquidiocesana, en Ciudad Bolívar. Nos siguen pidiendo más colaboración, sobre todo en alimentos y artículos de higiene. En esa estamos para una siguiente entrega.
«Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo libra» (Sal 33,7). Esta podría ser la actitud que muchos tenemos ante estos acontecimientos que nos superan por demás y que, a pesar del dolor, de la pérdida de vidas y hogares, de tragedias y tantas necesidades apremiantes que no cesan y de las dificultades que interfieren la atención, nos ha llevado a una búsqueda sincera de Dios-Amor y a una respuesta activa: «Aquí estoy, Señor, cuenta conmigo».
Quisiera reseñar también que, en lo que llevamos de año, el apoyo que nos brindó la Delegación Diocesana de Misiones de Málaga, de participar en un concurso misionero de dibujos, en torno a la Infancia y Adolescencia Misionera, marcó una gran diferencia con otros años. Las celebraciones propias de Semana Santa que siempre marcan la cumbre de nuestra vida espiritual; la Visita Pastoral de Mons. Ulises Antonio Gutiérrez Reyes, nuestro Arzobispo durante 15 años, que este año en esos días de abril cumplió 75 años y, como nos dijo, presentó su renuncia al Papa. Terminando junio, completamos el fin de curso pastoral y lo hacemos con un Campamento Urbano de Catequesis. Todo esto ha marcado el “hoy” de la Misión en este 2026, podría decir: hemos rezado y hemos ayudado.
Unidos a todos vosotros, participamos de esta Jornada Misionera con esperanza y en oración.
Con afecto fraterno, saludos misionero
Morichalito (Los Pijiguaos), 11 de julio de 2026
Juan Manuel Barreiro López, presbítero Fidei donum
