Semblanza del sacerdote D. Manuel Bermúdez leída en su funeral por Patricio Fuentes, director de la Residencia Geriátrica “Buen Samaritano” de Cáritas Diocesana de Málaga. Bermúdez falleció el 4 de agosto de 2026, festividad de San Juan María Vianney, el Santo cura de Ars, patrón del clero diocesano.

Semblanza del sacerdote D. Manuel Bermúdez leída en su funeral
Manuel Bermúdez

Manuel Bermúdez Valverde nace en Velez-Málaga en el año 1943 el 16 de noviembre. Sus padres, Manuel Bermúdez Díaz y Encarnación Valverde tuvieron tres hijos Encarnación, Remedios y Manolo. La primogénita tristemente murió siendo una niña 16 años. Remedios aún vive entre nosotros en esta misma residencia.

La niñez de Manolo se explica con la dureza de la posguerra en un entorno rural y con una familia que se ve obligada a huir de la guerra por varios puntos de España y Francia. Tras la guerra y la cárcel para su padre, la familia se establece de nuevo en Vélez Málaga, en la pedanía de “El Trapiche” pero viéndose obligados a partir de cero, pues perdieron todo lo que tenían. Su padre trabajó en el campo de día, por las noches de guarda. La vida de sus padres la entendió Manolo como un ejemplo de fuerza y coraje, un ejemplo y un legado que siempre le acompañó, especialmente en las dificultades.

A los dos años sufre la polio, de la que se fue recuperando poco a poco, llegando a caminar cada día tres kilómetros para ir al colegio y jugando al fútbol, que era una de sus principales aficiones. Su niñez transcurrió humilde y sencillamente.

De joven, a los 25 años obtiene una beca para estudiar montaje de televisión en Madrid, y ahí Manolo tuvo la oportunidad de ver a su Real Madrid. Fue un tiempo muy feliz, aunque por la precariedad económica de su familia, con todo el dolor del corazón, tuvo que volver antes de finalizar el curso. 

Estudió auxiliar administrativo, ya cerca de su hogar, en el Puente D. Manuel, y tuvo varios trabajos y tiempos de paro.

Fábrica de losas de mármol, fábrica de objetos decorativos, talleres de desguace y cableado de teléfonos en CITESA, otro curso de bobinado de motores y transformadores, creando una cooperativa con otros compañeros.

Se presentó a la prueba de magisterio para mayores de 25 años, aprobando y realizando estudios de primero de Magisterio lo que le sirvió para poder estudiar Teología.

En el año 62, cuando Manolo tenía 19 años, el seminario de Málaga envió a un grupo de seminaristas a la escuela rural, fruto de ese encuentro que tuvo Manolo con ellos, cambió su forma de entender la Fe. Forjó una gran amistad con Antonio Calderón y se escribían cartas en las que Manolo ya manifestaba que quería se fraile. Rezaba el rosario, meditaba cada noche lo que había hecho durante el día… y Dios iba forjando en el alma un deseo y una experiencia de encuentro que tuvo un acontecimiento especial. Un día, caminando por la carretera, en una cuneta, en el suelo, encuentra un libro, el Nuevo Testamento. 

Su lectura le cambió la vida, y le reforzó su sentimiento y su deseo de ser sacerdote, manifestando que “cuando Jesús nos pide algo, es para hacernos crecer en su Amor”.

Catequista en la parroquia de San Juan de Vélez, participa en Junior, Comunidades de Base en Málaga y postulantado con los Escolapios, cuyo superior, habla con el rector del seminario, D. Salvador Montes, para que pudiera residir allí y asistir a las clases de Teología. 

Pide permiso a D. Salvador Montes para ser cura, el cual, habla con D. Ramón Buxarráis, Obispo de Málaga. D. Ramón dijo que si terminaba bien sus estudios podría ordenarlo para el sacerdocio. Algunos formadores tuvieron dudas, pues Manolo se mostraba temeroso, apagado para algunas decisiones, y con poca confianza en sí mismo.

Sin embargo, Manolo perseveró, y para terminar sus estudios tuvo otra experiencia pastoral en varios municipios, Alcaucín, Maro… Al final el rector y el vicario decidieron Alcaucín, “Alcaucín de mi alma”, como Manolo sentía.

Aún así le costaba a Manolo estudiar, e incluso le dijeron que terminara magisterio, que iba ser difícil ser cura… aquello que provocó una gran tristeza, pero le permitieron seguir los estudios un año más…

En una de las reuniones que tenían los curas en el Arciprestazgo de la Axarquía, siendo vicario D. José Carretero, le comunican que en la próxima visita que tendría el Obispo D. Ramón, hablaría con él. Manolo va a recoger a Málaga a D. Ramón para llevarlo a la reunión y D. Ramón le dice: “prepárate que te voy a dar una buena noticia, el 30 de abril te ordeno diácono en Antequera”.

Al llegar a la reunión todos le felicitaron y su alegría fue enorme.

El 30 de agosto de 1991, a los 48 años de edad, Manolo es ordenado sacerdote en la parroquia de San Juan de Vélez.

La vida de Manolo en Alcaucín y sus prácticamente 20 años en el Buen Samaritano, hace que tengamos una huella imborrable en el corazón, un dolor grande por la pérdida y un infinito agradecimiento a Dios por haber puesto al bueno de Manolo en nuestras vidas, enseñándonos con su vida, la maravilla de seguir a Jesús de manera sencilla y entregada. 

Como él mismo dice en su historia de vida: «Gracias Padre por haberme quitado todo lo que sobraba para caminar hacia Ti.

Gracias por las enfermedades que me hicieron paciente, humilde, al reconocer mis límites, cualidades, defectos y virtudes.

Gracias por el dolor y el sufrimiento que me purificaron, me dieron temple y me enseñaron para siempre que la felicidad no consiste en no sufrir, sino en aprender a hacerlo por aquellos que amamos.

Gracias por los errores que me hicieron enriquecer mi experiencia».

Y todos nosotros decimos Gracias Manolo por tu vida entregada y compartida, por haber pasado por la vida haciendo el bien y Gracias a Dios por habernos regalado la vida de Manolo y su tiempo con nosotros.