Una exposición biográfica en la casa de los jesuitas de Málaga permite acercarse a su vida.

Una exposición con objetos del beato P. Arnaiz

El lunes 1 de junio a las 20 horas fue inaugurada la exposición “Vida y virtudes del P. Arnaiz sj”, que, con motivo del Jubileo por el centenario de su muerte, estará abierta hasta el 31 de julio en la Residencia de la Comunidad del Sagrado Corazón de Jesús de los jesuitas de Málaga, junto a la iglesia del mismo nombre (plaza de San Ignacio, 2). 

Esta exposición biográfica, en el marco del Jubileo concedido por la Santa Sede a los cien años de la muerte del beato, permite ver algunos objetos personales del P. Arnaiz que se conservan y admirar su santidad, recorriendo los principales momentos de su vida de entrega a Dios y al prójimo.

Como explican las Misioneras de las Doctrinas Rurales, «gracias a la veneración que se le tenía en vida, se han conservado muchos objetos, cartas, etc., que han pasado de una generación a otra, guardados con gran cariño». Entre dichos objetos, los visitantes pueden contemplar las zapatillas personales y otros objetos de uso diario, una copa de vino custodiada con celo por familias malagueñas en recuerdo de su paso por sus hogares, rosarios, crucifijos de enfermos y escapularios repartidos en sus misiones o el histórico pañuelo del P. Muriel con el que despidieron al beato en su multitudinario funeral.

«Un ejemplo temprano de esta fama de santidad lo protagonizó el Padre Serna, S.J., quien, siendo un seminarista con trece años en el Puerto de Santa María, le arrancó disimuladamente un hilo del fleco de su faja para guardarlo en su libro de misa -cuentan las misioneras-. Este deseo de “tocar” algo que hubiese estado en contacto con él se repetía en cada misión. En Cortes de la Concepción (Huelva), tras presenciar una multiplicación milagrosa de dulces, una amiga de Isabel Bernal le entregó un pañuelo al Padre Arnaiz, con la única y deliberada intención de que se limpiara las manos, para conservarlo como reliquia. Del mismo modo, en los hogares donde se hospedaba se custodiaba con celo su recuerdo: la familia de Filomena Rodríguez en Casabermeja guardó como un tesoro la copa de vino que el jesuita usó en las comidas, una pieza histórica que los visitantes podrán ver en esta exposición. Lo mismo ocurrió con las zapatillas del Padre Arnaiz —también presentes en la muestra— que la familia del coronel Francisco San Miguel custodiaba con tanta devoción que su esposa cada vez que iba a dar a luz las colocaba bajo la almohada. En otras casas, como la de Ricardo Huelin (fundador de la Librería Católica de Málaga), se veneraba con fervor una imagen del Sagrado Corazón de Jesús que el propio Beato bendijo, y con la que lo entronizó en su familia, esta imagen se colocará en la exposición».

«Durante el caluroso y multitudinario funeral del Beato Tiburcio Arnaiz en la iglesia del Sagrado Corazón, el Padre Augusto Muriel, S.J., utilizó su propio pañuelo (marcado con sus iniciales y el número 156) para limpiar intencionadamente la sangre que manaba de la boca del cadáver del jesuita. Este pañuelo del Padre Muriel también está expuesto», explican las misioneras. «Otras familias y colaboradores guardaron con idéntico respeto rosarios regalados por el P. Arnaiz, en La Línea de la Concepción, por ejemplo, los conservaba Filomena Caballero, en Alfarnatejo Águeda Alba, etc., crucifijos bendecidos por él, a los que los enfermos se aferraban en su agonía, trozos de sus sotanas gastadas, o escapularios repartidos en las Doctrinas de Guaro». 

Estos y otros objetos personales del beato pueden ser contemplados desde el 1 de junio hasta el 31 de julio, todos los días, en horario de 10.00 h. a 12.30 h.  y de 18.00 h. a 20.00 h.