Las Madres de Desamparados y San José de la Montaña se encuentran en cuatro puntos de la diócesis: en dos colegios-hogar, uno en Málaga capital y otro en Ronda, y en dos residencias de mayores, una en Arriate y otra en el Valle de Abdalajís. Hasta esta última nos vamos, de la mano de su directora, Madre Libertad.

«Nuestros mayores son muy cariñosos y agradecidos»
Madre Libertad con sus mayores

Madre Libertad llegó a la Residencia de Mayores San José de la Montaña, del Valle de Abdalajís, hace dos años. En ella residen 73 personas mayores y 12 religiosas.

De las 75 plazas que tienen, 45 son concertadas con la Junta de Andalucía, quienes gestionan con las familias los ingresos cuando queda una plaza vacante, y 30 son privadas para aquellas personas mayores de 65 años «que desean ingresar libremente o a través de un familiar, dependiendo de la capacidad de decisión o dependencia que tenga», afirma Madre Libertad.

«En nuestra residencia, les ofrecemos un hogar donde sentirse acompañados, escuchados y valorados. Con el espíritu de Madre Petra, servimos con amor y misericordia, cuidando no solo el cuerpo, sino también el corazón y el alma, para que cada día sea vivido con esperanza y dignidad», añade Madre Libertad.

«Se trabaja desde los valores cristianos de respeto a la persona, independientemente de su creencia religiosa. Tenemos implantado un sistema de calidad con una atención centrada en la persona. Nuestro personal es fiel a nuestro carisma de amor misericordioso y atiende de la mejor manera posible a nuestros residentes, de una forma integral. Se tiene en cuenta su dimensión física, psicológica, espiritual y social. Ofrecemos, además, un servicio religioso que fortalece la vida espiritual de la persona creyente con la celebración de la Eucaristía, la unción de enfermos y la confesión. Además, preparamos otras actividades religiosas y pastorales, siguiendo el año litúrgico, incidiendo, de forma especial en la fiesta de San José y de nuestra fundadora, Madre Petra de San José, así como en las festividades del pueblo», explica su directora.

El día a día de las religiosas en esta residencia es muy variable pues «surgen muchos imprevistos tanto en mi comunidad religiosa como con los trabajadores, los residentes, los familiares y hasta los proveedores. Cuento con un equipo que me refuerza en todos los niveles pero tengo que estar en cara rincón de la casa».

Los horarios en una residencia están muy organizados para facilitar la adaptación de los más mayores. «Somos flexibles en el horario de visita en caso de necesidad y los sábados y los domingos son los días en los que suelen ir más familiares».

Madre Libertad destaca que sus mayores «son muy cariñosos y agradecidos. Continuamente nos están diciendo “muchas gracias, que buenas sois, os quiero mucho”, eso es lo más bonito».

«Cuando me acerco a ellos y ellas, sobre todo a quienes tienen deterioro cognitivo avanzado y a quienes se encuentran en el final de sus días, lo vivo como un acompañamiento desde la compasión, el cariño y la escucha. Veo a Cristo sufriente», reconoce emocionada, y es que «importa mucho el contacto físico con ellos, el cogerles la mano, acariciarles el rostro y hablarles para que vean que no están solos. En sus últimos momentos de vida, rezamos con ellos, poniendo la confianza en Dios, y notamos cómo van entrando en un estado de paz y confianza».