«Preocuparse por los demás, pensar en los demás, entregarse a los demás, en cristiano se llama apostolado; el apostolado no es una asignatura opcional para los cristianos ni un objeto de lujo del que en absoluto se pueda prescindir.

El "sálvese quien pueda" no es cristiano

 

Según el Papa Juan, ni siquiera sería preciso exponer la doctrina cristiana si nuestra vida fuera auténtica, ni sería necesario recurrir a las palabras si nuestras obras dieran testimonio.

No debemos olvidar que el hombre no se salva hasta que él mismo no se convierta en salvador de los demás; solamente se salvará, salvando. Ante el múltiple trabajo que queda por hacer, conviene recordar el proverbio oriental: «Más vale encender una cerilla que maldecir la oscuridad»; más que lamentarnos de que falta mucho por hacer, o de que otros hacen poco, hagamos algo nosotros, encendamos una luz para disipar las tinieblas. 

El "¡Sálvese quien pueda!" no es cristiano.»

No quiero que penséis que esta preciosa reflexión es mía. Sabéis los que me hacéis el favor de leer mis artículos, que suelo citar con frecuencia mi libro de cabecera de Alfonso Milagro, Misionero Claretiano, y  que tanto bien me hace. Por eso deseo compartirlo con todos vosotros.