Asia Bibi, condenada a muerte en Pakistán, pasa los días recluida en una prisión a 50 kilómetros de Lahore porque un clérigo radical ha puesto precio a su cabeza: 4.400 euros. ¿Su pecado? Ser cristiana en un país islámico. Aunque la mujer parece optimista y fuerte: "Confío en que Dios escuchará mis plegarias, me ayudará a salir de aquí y volveré con mi familia a mi casa".
