Este concurso de dibujo ha sido un medio más de comunión entre Venezuela y Málaga.

Los niños y niñas de la Misión Diocesana, en un concurso de dibujo
Entrega de premios del concurso de dibujo de la Misión Diocesana

El 3 de diciembre de 1986 salieron de Málaga los primeros misioneros hacia la Misión Diocesana en Venezuela. El sacerdote Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en la misión, recuerda aquel día con todo detalle: «ese día salieron los primeros enviados por el entonces obispo de la diócesis, D. Ramón Buxarrais. Yo estaba aún en el Seminario, pero fui a despedirlos al aeropuerto de Málaga. El padre José Pulido, que en paz descanse, el padre Manolo Lozano, que en paz descanse, y el padre Agustín Zambrana que es el único que queda de este primer equipo pionero, ponían rumbo a Venezuela. El 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, un día muy importante en estas tierras, Mons. Medardo Luzardo Romero, arzobispo entonces de la zona, les dio posesión del encargo pastoral en todo el municipio Cedeño, el más amplio y ancho de Venezuela. Entonces eran 56.000 km², años después, se modificó a 45, pero sigue siendo el más amplio de la República. Cuarenta años, que se dicen pronto, se van a cumplir de dicha misión».

Mucha labor pastoral la que se ha llevado a cabo, desde entonces, con los jóvenes, los grupos de catequesis, grupos de oración, con las comunidades indígenas… «y ayuda, tanto personal como económica», añade Barreiro. Una ayuda que ha llegado a las comunidades, en general, a las personas mayores, hombres y mujeres, a los jóvenes y a los niños».

Concurso de dibujo

De forma especial, «los niños, los más pequeños, siempre han estado integrados y atendidos en la misión diocesana, desde el principio», asegura con ternura Barreiro. Es por eso que este año, cuando vieron el concurso de dibujo que proponían las Obras Misionales Pontificias para los niños, los invitaron a participar y plasmar «cómo veían la misión y cómo se veían ellos como protagonistas misioneros».

Juan Manuel se puso en contacto con la Delegación Diocesana de Misiones y les propuso darles voz a las obras de estos niños y niñas, aunque no pudieran participar en la convocatoria de las OMP y desde la Delegación de Misiones hicieron una adaptación del concurso de manera diocesana. Así fue como los catequistas de la primera etapa de la Iniciación Cristiana, a partir de los 7 años, se pusieron en marcha y casi una treintena de niños y niñas presentaron sus obras a este concurso adaptado para ellos.

«Es una maravilla la creatividad que tienen. Unos autores son criollos, otros indígenas y todos estuvieron muy bien. Se eligieron tres y cada uno de ellos tuvo un premio equivalente a 20 euros, unos 11.500 bolívares. Aquí el sueldo base al mes son 130 bolívares, ya os podéis imaginar las caras de alegría de los papás de los niños ganadores. Para todos los demás hubo también un diploma de reconocimiento y una ayudita que nos mandaron desde la Delegación de Misiones para apoyar la catequesis», explica el sacerdote misionero.

Esta actividad fue un momento de gozo para pequeños y grandes por «lo extraordinario que fue, por contar con ellos desde la otra parte del mundo y por los premios que recibieron. Además, aprovechando la presencia del arzobispo Mons. Ulises, que estaba  de visita pastoral en la parroquia, hicimos la ceremonia de entrega de los diplomas. Fue un encuentro muy bonito en el que también pudieron participar niños y niñas de la Escuela Fe y Alegría que tenemos en la localidad de Morichalito», añade Barreiro emocionado.

Una tarde con cantos en español y en la lengua de la comunidad jibí, con oración, entrega de diplomas y merienda compartida. Este concurso ha supuesto para este trocito de la diócesis de Málaga «algo muy interesante porque es la primera vez que, a nivel local, pueden participar estos niños en un concurso que se organiza desde el otro lado del mundo. Se han sentido escuchados y tenidos en cuenta y han visto qué significa cuando hablamos de Iglesia Universal. Yo me quedo con esa experiencia de alegría y estamos deseando volver a repetirla», concluye Juan Manuel Barreiro, quien lleva más de 30 años compartiendo su vida entre las poblaciones de Morichalito, la Urbana y los Pijiuaos, corazón de la misión diocesana en Venezuela.

Para el delegado de Misiones, el misionero de la Consolata José Luis Pereyra, «fue una manera hermosa de sentirnos unidos al trabajo y al corazón de la misión. Una linda experiencia y una riqueza muy grande el poder hacernos presentes y continuar el hermanamiento entre estas dos iglesias locales que se encuentran geográficamente distantes, pero unidas por la misión».