El sábado 16 de mayo, María del Pilar Bootello García, feligresa de la parroquia de la Encarnación de Álora, recibió la Medalla Pro Ecclesia Malacitana, reconocimiento diocesano a toda una vida de servicio fiel y callado. Concedida por el obispo D. José Antonio, a petición de la comunidad parroquial, fue entregada por el arzobispo emérito de Pamplona y Tudela, D. Francisco Pérez.

«Doy gracias a Dios por las personas que me han acompañado en la fe a lo largo de mi vida»

¿Qué significó para usted recibir la Medalla?

Primero, una gran sorpresa y, después, una gran alegría que yo nunca esperaba. Es para mí un motivo de agradecimiento a las personas que me inculcaron la fe y a las que me acompañaron a lo largo de mi vida.

¿Qué es para usted su parroquia?

Mi parroquia ha sido mi casa. En ella he colaborado desde pequeña en todas las actividades que he podido. He participado en la Acción Católica de entonces, en la campaña del Seminario y de las misiones, repartiendo sobres de casa en casa, repartiendo la lección y las medicinas a los más necesitados, dando catequesis a los niños más pequeños que después preparaba para la primera comunión… He colaborado en Cáritas, en Pastoral de la Salud y allí donde mi parroquia me ha necesitado.

¿Cuál es su acción de gracias a Dios?

Le doy gracias a Dios por el don de la vida, por el regalo de la fe y por las personas que me han ayudado a lo largo de mi 89 años a encontrarme con el Señor en mi vocación como laica comprometida con la Iglesia, desde mi parroquia de Álora.

La celebración

Concelebraron la Eucaristía el párroco de Álora, Felipe Manuel Gallego, y los hijos sacerdotes de la homenajeada, Leandro y Antonio Jesús Carrasco Bootello.

En la acción de gracias de la Eucaristía, Pilar «nos encogió el corazón a todos los presentes. Con una humildad admirable, recordó que fue bautizada entre esos mismos muros en 1937, agradeció a quienes sembraron la fe antes que ella —como sus tías Ana y Lola— y dedicó un mensaje inolvidable a sus nietos: "No hay mayor tesoro que la fe”».