Cada verano se cocinan miles de paellas con motivo de las distintas festividades y celebraciones que proliferan a lo largo del estío. Unas mejores que otras, (todos los que se ponen ante el fogón presumen de hacer la mejor paella del mundo).
Mis conversaciones con los hombres mayores, con quienes comparto a diario en mi partida de dominó, me permiten rememorar sus viejos refranes populares.
Dirán mis lectores que a que viene esta incursión en el mundo del flamenco dentro del contexto de un blog dedicado a los mayores. Pero esto es lo que nos sucede a los mayores; tenemos un recuerdo tan grande, que cualquier acontecimiento lo relacionamos con algo vivido en el pasado. Y en esas estamos.
En mi encuentro -que no búsqueda- con personas que me aportan buenas sensaciones, esta semana he topado con dos realidades que, a veces, ignoramos. Hay buena gente en todos lados.
Supongo que los que pertenecen a mi generación recordaran con añoranza aquellos viejos jarrillos de lata de nuestra infancia. Sí, aquellos que confeccionaba el latero que venía a poner lañas a los recipientes de barro o restañar las viejas ollas y sartenes de la casa.
Todavía estoy disfrutando de la entrevista que concedió el papa Francisco a Henrique Cymerman la pasada semana. Fue uno de esos encuentros que captan tu atención y te acercan a Jesús.
El domingo pasado se proclamaba un Evangelio en el que se nos presentaba un encargo imperativo de Cristo a sus seguidores: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.
La abdicación del Rey D. Juan Carlos I ha dado paso a la primera fila a su hijo Felipe. La primera consecuencia que esto traerá consigo será el cambio automático en la jerarquía. De hablar del hijo del rey como personaje secundario y del rey como protagonista principal, se pasará a trocar los papeles.
Pedro “el de Los Valle” pertenece a esa generación de hombres que descubrieron a Jesús de Nazaret, allá por los años sesenta del siglo pasado, en un Cursillo de Cristiandad.
He podido acceder a un reportaje (06-05-14, Gaudim Press) realizado a una italiana llamada Cristina Acquistapace. En sus declaraciones Cristina afirma: “Soy una simple mujer de 41 años que cree en la vida. Fui muy afortunada porque mi familia no redujo mi enfermedad a mi persona y ha creído en el maravilloso don de Dios. La vida es un don y debe ser vivida como un don”.
Una famosa cantante española “confundió” los términos candelero y candelabro durante una entrevista en la que intentó manifestar su extenso vocabulario y tan solo consiguió demostrar lo escaso de su formación dialéctica.
“En esto Jesús les salió al encuentro y les dijo ¡Salve! Y ellas acercándose se asieron a sus pies y le adoraron. Entonces les dijo Jesús: No tengáis miedo. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”. (Mt 28, 9-10).
Cada vez paso menos por calle Larios. El cambio de actividad laboral, la dificultad de aparcamiento y la provecta vejez, me han ido alejando paulatinamente del relajante ejercicio de circular arriba y abajo por el salón malacitano.
Este número se puso de moda tras el paso del“Dúo Sacapuntas” por el programa “1,2,3, responda otra vez” en la vieja Televisión Española. Aquellos programas blancos, para todos los públicos, captaban la atención familiar y, siempre, respondían a las expectativas de una audiencia millonaria.