En calle Strachan nº6, la sede diocesana de Manos Unidas en Málaga es una casa abierta al mundo. En lugares como Haití, Nigeria o Camboya saben que existe y, al entrar en ella, muchos malagueños hemos descubierto que ellos también.

"Una casa abierta al mundo", por Lorena Arranz, presidenta diocesana de Manos Unidas

En realidad es un punto de encuentro de la esperanza y la solidaridad en forma de llamadas, papeles y correos electrónicos; llega aquí la durísima realidad de los pobres y de aquí la recogen voluntarios y colaboradores para ayudarles a transformarla. Por ejemplo a través de la “Operación enlace”, colegios, arciprestazgos, parroquias, clubes sociales… cada año eligen un proyecto de desarrollo para financiarlo, lo conocen y entran en contacto con la realidad del Sur, con su cultura y problemática y la difunden en su entorno. Se consigue así la doble finalidad de sostener los proyectos y educar para el desarrollo. 

Este año Málaga está sacando adelante quince de ellos y les aseguro que esto supone una oportunidad crucial para cientos de vidas, todas ellas especiales, únicas e irrepetibles, que han nacido en un mundo que olvidó que fue creado para dar cobijo a todos.

Por eso esta Solidaridad es universal y es radical, pues busca atajar el origen de los males y es una Solidaridad activa, porque el verdadero amor nace en la compasión pero se realiza en sus obras y también es una Solidaridad recíproca en la que todos recibimos y damos. Así, cada esfuerzo, es un paso humilde en la exigencia evangélica del Amor fraterno que implica una exigencia absoluta de Justicia.