José Manuel Llamas, sacerdote diocesano, nos aporta las claves para comprender la última película de Martin Scorsese, con una mirada cristiana.

Claves para alcanzar el fondo de la película

En la película “La Invención de Hugo” hay, a mi entender, tres personajes que viven en tres mundos distintos, y que necesitan descubrir un horizonte distinto que complete la búsqueda de sentido del tiempo de sus vidas.

El primero, Hugo, es un niño que ha quedado solo, y que vive dentro de la máquina del enorme reloj de la estación de tren de París, buscando un mensaje oculto que lo saque de la soledad y le dé sentido concreto a su misión en el mundo: arreglar cosas.

El segundo, la niña Isabelle, vive en el mundo de la literatura, y necesita descubrir la existencia como una aventura real, y averiguar cuál es su misión en la vida.

El tercero es Papa George: un anciano cuya alma ha quedado muda en medio de una estación y un mundo ruidosos, y que necesita recuperar su voz, la razón del tiempo que ha vivido, que le dio sentido e inspiración a su vida y a la de muchos a su alrededor.

Estas tres búsquedas están relacionadas entre sí como las piezas de un reloj, cuyas claves necesarias son un autómata “que espera”, al que le faltan partes esenciales, y una llave con forma de corazón. Esta llave será la que abra las tres búsquedas y las conduzca hasta un Encuentro, en el que la vida de Hugo hallará el mensaje buscado y el sentido de su vocación, la de Isabelle dará con su misión en la historia, y la de Papa George podrá recomponer lo que había quedado roto por la guerra y la desesperanza.

Mientras cada personaje recorre su camino de búsqueda de sentido, se va tejiendo un hermoso canto de amor al cine y a la literatura, en cada una de las personas que “habitan” en la estación de tren y en cada escena; la culminación es el final, que enhebra cada fotograma visto con maestría.

Con estas claves, y otras muchas que habrá que seguir descubriendo, se puede ver “La Invención de Hugo” y disfrutar del hilo conductor de fondo de la obra, además de quedar pasmado por la belleza de sus formas, su puesta en escena y el hondo homenaje a los inicios del Cine como fábrica de sueños.

José Manuel Llamas, sacerdote diocesano, miembro de la Delegación de Infancia y Juventud de la diócesis de Málaga