Nuestro Obispo nos ofrece la siguiente Carta pastoral con motivo del Día del Seminario

Apóstol por gracia de Dios

Cuando el Señor envió a sus discípulos, de dos en dos, delante de sí a todas las ciudades y lugares a donde él había de ir, les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Lc 10, 2). Cumpliendo este mandato de Jesús, queremos intensificar nuestra oración suplicante, para que él envíe trabajadores a su mies.

Hacemos esta petición durante todo el año y de muchas maneras: en las oraciones de los fieles de la Misa, en el rezo de las Laudes o Vísperas, en los ratos de adoración eucarística y en tantos otros momentos de la vida cotidiana de piedad. Son muchos los enfermos y las personas mayores que ofrecen sacrificios y oraciones por esta hermosa intención.

Pero la Iglesia nos ofrece una jornada especial, para que nos acordemos de esta necesidad y dirijamos a Dios nuestras súplicas, pidiéndole que nos conceda sacerdotes santos. Toda la comunidad diocesana estamos convocados a celebrar el DÍA DEL SEMINARIO, en la jornada del domingo 22 de marzo.

El Seminario diocesano de Málaga fue creado en 1597, hace ya 412 años. Desde entonces ha sido la institución que ha ido formando a nuestros sacerdotes. Muchos jóvenes de vuestras familias se forjaron allí como cristianos comprometidos y hombres responsables ¡Cuántos buenos pastores, que aprendieron arrodillados a los pies del Sagrario en la capilla del Buen Pastor, han llevado el mensaje del Evangelio a todos los barrios, pueblos y campos de nuestra Diócesis! ¡Cuántos sacerdotes se han formado en esta casa!

Tenemos mucho que agradecer al Señor y aprovechamos esta ocasión para hacerlo. Entre las muchas buenas cosas que he encontrado al llegar a esta Diócesis, el Seminario ocupa un lugar importante. Doy gracias a Dios por ello y por la espiritualidad sacerdotal que rezuma el presbiterio diocesano, heredero del ejemplo y del magisterio del beato obispo don Manuel González, que marcó una impronta sacerdotal de oración profunda y de generosa entrega.

Él puso todo su anhelo de pastor, para que se dieran en el Seminario la certera “siembra de jóvenes de corazón, cabeza y padres buenos”; y la buena “cosecha de sacerdotes que salven a las almas y hagan felices a los pueblos”. Este deseo se hace realidad con la ayuda del Señor y con la cercanía, el cariño y la colaboración de todos vosotros.

El Seminario diocesano es una importante institución diocesana, que todos debemos cuidar con esmero. Me alegra saber que en la Diócesis malacitana se habla de nuestro Seminario, expresando, de este modo, el afecto y la preocupación de todos por el Seminario. Todos vosotros, sacerdotes y demás fieles, sentís como vuestro y como propio el Seminario.

Este cariño viene expresado de múltiples formas: En la preocupación constante de todos los fieles por los seminaristas, tanto del Seminario Mayor como del Menor; en la oración constante, comunitaria y personal, por las vocaciones al sacerdocio; en la cercanía de todos los sacerdotes; en el interés de tantos catequistas, educadores y profesores de Religión, para que sus alumnos puedan conocer el Seminario y estén abiertos a la posible llamada del Señor; en la misma colecta económica, que se hace para sufragar los gastos necesarios; y en otros muchos hermosos detalles.

El lema de la presente Jornada viene dado por la celebración del Año Paulino. Pablo de Tarso fue llamado por Dios para predicar el Evangelio a sus contemporáneos. Él, hombre lúcido y sensato, se consideraba «el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios» (1 Co 15,9). Pero, tras su encuentro con el Señor resucitado, se convirtió en el gran apóstol de las gentes y se dejó guiar por el Espíritu de Dios (cf. Rm 8,14), convirtiéndose en un hombre nuevo y apasionado por el Evangelio, llegando a exclamar: «¡Ay de mí si no evangelizo!» (1 Co 9,16).

Pablo, santo que nos orienta este año, se sabe “Apóstol por gracia de Dios”: así reza el lema para el día del Seminario.

Pidamos al Señor que las personas que reciban la llamada al sacerdocio sepan escucharla y seguirla. Hagamos nuestras las palabras de Benedicto XVI a los jóvenes en el encuentro de Asís: “Si el Señor llamara a alguno de vosotros a este gran ministerio, o a alguna forma de vida consagrada, no dudéis en decirle "sí". No es fácil, pero es hermoso ser ministros del Señor, es hermoso gastar la vida por él” (Basílica Santa María de los Ángeles-Asís, 17.VI.2007).

Pidamos al Señor por los jóvenes de nuestras parroquias, grupos, asociaciones, movimientos, para que tengan un corazón grande y sanos ideales de entrega y generosidad; para que puedan descubrir su vocación cristiana; para que aprecien la vocación sacerdotal como un regalo de Dios; para que puedan discernir, con la ayuda de otras personas, si el Señor los llama para ser sacerdotes en el mundo de hoy y tengan fuerza para responderle con fidelidad.

Pidamos por nuestros seminaristas, para que, dejándose guiar por el Espíritu de Dios, se conviertan en hombres nuevos, en apóstoles apasionados por llevar el mensaje de la salvación al corazón de todos los demás.

Pidamos a Dios por nuestra propia familia y por todas las familias, para que comprendamos que un hijo sacerdote es una gracia de Dios, una bendición del cielo, y facilitemos el nacimiento y el seguimiento de la vocación sacerdotal en el ambiente familiar.

Colaboremos todos, de la manera en que cada cual pueda, con nuestro Seminario diocesano: es gracia del Señor para toda la Diócesis.

Como pastor de la Diócesis me uno la oración de todos vosotros; y ponemos juntos nuestro Seminario en manos de María, la Madre, la Virgen de la Victoria: Ella guiará a quienes se preparan para sacerdotes –apóstoles por gracia de Dios- por el camino de su Hijo.

A todos os agradezco vuestra ayuda y vuestra oración.

¡Que el Señor os bendiga!

+ Jesús Catalá,
Obispo de Málaga