La fiesta de la Epifanía es la de la manifestación de Jesús al mundo no judío. La celebración gira en torno al reconocimiento y a la adoración del Niño por parte de los magos. Éstos son un símbolo del mundo pagano que ve en Jesús de Nazaret al Salvador de la humanidad.

La palabra mago no tiene el significado que le damos en la actualidad. El término mago procede del griego: magoi, que significa matemático, astrónomo y astrólogo. Lo que hoy diríamos un científico.

Por eso, hemos querido preguntar a un científico malagueño cuáles son los signos que llevan al hombre de hoy a Dios. Alfonso Gago, catedrático de Electrónica de la Universidad de Málaga, nos cuenta cómo se encuentra con Dios en su trabajo, aunque fueron los pobres los que, según él, le guiaron en su camino personal hacia Belén.

Para conocer un poco mejor la figura de Alfonso Gago, catedrático de Electrónica de la Universidad de Málaga, puede ayudarnos saber que el equipo de investigación que dirige fue el creador del audífono (prótesis para personas con problemas auditivos) más potente del mundo y que fue la primera patente de la UMA. Fruto de las investigaciones de este mismo equipo son, también, los paneles que nos informan del tiempo estimado de espera en las paradas de autobuses de nuestra capital.

¿Cuál es el secreto del éxito de sus investigaciones? Quizá, su método de trabajo. «Yo trato de hacer honor al nombre de laboratorio, como lugar de trabajo (labor) y de oración y contemplación (oratorio). Descubrir las maravillas de la naturaleza te lleva a la contemplación».

Para Gago, «la gran revolución de la ciencia se produjo a mediados del siglo XX con la irrupción de las tecnologías de la información (informática), que han revolucionado el mundo entero y que han potenciado enormemente al resto de las ciencias. Para mí ésto es una gran manifestación de la gloria de Dios. San Juan dice que ‘al principio existía la Palabra y que la Palabra era Dios’, y la palabra es precisamente ese intercambio de información.

Así que, en la actualidad, los científicos tenemos en nuestros pucheros, aún sin saberlo, esa información que es Dios».

Según Gago, «los científicos han confiado demasiado en el azar como una forma de huir del Dios que se manifiesta en la objetividad de la ciencia. Pero la ciencia tiene un método tan riguroso que necesita un fundamento objetivo de la verdad, que no puede ser otro que Dios.

Si de primera hora quitamos a Dios, caemos en el relativismo que está haciendo auténticos estragos en nuestra sociedad. Comprobamos, por ejemplo, que hoy en día una charla sobre algún tema científico serio congrega a unas pocas personas interesadas, pero cualquier charla sobre astrología o ciencias ocultas se llena. Es una muestra de la enfermedad de nuestro mundo».

Mas para reconocer a Dios en los signos que él nos muestra hay que partir de una posición de humildad, al igual que hicieron los magos de oriente. «El científico tiene que ser humilde. La gran mayoría de los científicos que hacen progresos son los sencillos. Einstein, por ejemplo, no se vanagloriaba de sus logros. Aunque también hay alguna excepción, como la de Severo Ochoa, mucho más soberbio, lo que provocaba una gran amargura en su corazón. En una ocasión, preguntado sobre qué esperaba del futuro afirmó que, de tener valor, se suicidaría. Entre Einstein y Severo Ochoa, me quedo con Einstein».

A la pregunta de cuál fue para él la estrella que lo guió hacia Dios, Gago afirma rotundo que «el Evangelio, que me hizo llorar a los 13 años y, luego, los pobres. A lo largo de mis años como catedrático, llegando a ser director de la Escuela Superior de Ingenieros de Telecomunicaciones, puedo decir que la gente pobre y sencilla son los que me han mostrado el sentido de la vida. Por mi trabajo he conocido a mucha gente sabia e importante.

Pero de quien más he aprendido fue de un albañil y de una criada, que eran ‘grandes científicos’, militantes cristianos, y me ayudaron a encontrar a Dios y a intentar seguirlo”.