“Lo tenemos claro, lo que hemos recibido gratis, tenemos que darlo gratis, porque el Señor sigue haciendo milagros”, así de decididos se presentan Pepita Ledesma, presidenta de Cursillos de Cristiandad, y Miguel Ángel Otero, vocal de oración de los mismos.
Hoy queremos conocer a uno de los movimientos de seglares que existen en nuestra diócesis, el de Cursillos de Cristiandad, que forma parte de la Delegación de Apostolado Seglar, y que tiene como consiliario a Fernando Jiménez Villarejo, que conoció los Cursillos cuando sólo eran un proyecto.
Los Cursillos de Cristiandad son un instrumento para llevar el Evangelio a los alejados y para actualizarlo entre los que forman parte activa de la Iglesia. Según los responsables, “para los que vienen de un grupo o comunidad, esta experiencia gratificante los hará volver con entusiasmo renovado; y a los que caminan solos, el Cursillo de Cristiandad les ofrecerá espacios donde puedan realizar libremente su vocación cristiana personal”.
Vamos a profundizar en un movimiento que ha celebrado ya su 545 cursillo en Málaga.
El objetivo de los Cursillos de Cristiandad no es más que “fermentar de Evangelio los ambientes”, que no es poco. Sus responsables (Pepita y Miguel Ángel) están convencidos de que es un medio más, como otros muchos, del que Dios se sirve para atraer hacia sí a sus hijos.
Este movimiento eclesial, presente en la actualidad en todos los continentes, surgió de una forma curiosa. Era el año 1948 cuando un grupo numeroso de jóvenes de Acción Católica de toda España se preparaba para peregrinar a Santiago de Compostela. Los meses anteriores habían puesto en marcha un método de reflexión y oración que les ayudara a profundizar en el camino de peregrinación que iban a emprender. A la vuelta de la peregrinación, tomaron conciencia de que el método usado podía utilizarse como base de un movimiento de seglares, y así lo hicieron. Uno de aquellos jóvenes es el actual consiliario de Cursillos en nuestra diócesis, Fernando Jiménez Villarejo, quien también es párroco de San Juan de Ávila.
Un Cursillo de Cristiandad se desarrolla en tres días consecutivos, de jueves a domingo. Alos participantes, que suelen rondar los 30 en cada ocasión, sólo se les pide, dos requisitos: ser mayores de 18 años y tener la decisión firme de dejarse encontrar por Dios.
En la diócesis de Málaga se celebran 5 cursillos al año, la mayoría de ellos en Málaga capital, y en Melilla, aunque, desde hace varios años, también se están celebrando en Antequera y en Ronda.
Los Cursillos de Cristiandad se basan en los tres pilares de la propia Iglesia: oración, formación y acción; y están dirigidos “tanto a personas alejadas de la Iglesia, en búsqueda; como a los tibios que permanecen en ella, un tanto acomodados”, afirman los responsables.
Las personas que llegan a los Cursillos conocen su existencia a través de la página web de la diócesis, de los trípticos que se reparten por toda Málaga y de la experiencia tanto de las personas que han participado anteriormente en ellos, como del equipo que forma la Escuela de Cursillos, cuya sede central se encuentra en el edificio del Obispado.
El Sr. Obispo, D. Antonio Dorado, y el Vicario General, D. Alfonso Crespo, han apostado para que este movimiento se conozca mejor en la diócesis. Es más, en el Proyecto Pastoral Diocesano se incluye como un medio de “primer anuncio” en las parroquias, junto a las misiones populares.
El próximo año, los responsables de Cursillos tendrán un encuentro con los seminaristas para que conozcan a fondo este movimiento. Cada Cursillo de Cristiandad cuenta con la colaboración de un sacerdote, que es el director espiritual de los tres días de experiencia.
Algunos sacerdotes de la diócesis reconocen que “no apoyan este movimiento por desconocimiento, no por otra cosa, pero que les gustaría conocerlos un poco mejor”.
Pepita y Miguel Ángel sostienen que, para saber lo que es un Cursillo, hay que vivirlo y están convencidos de que si funciona es porque está impulsado por el Espíritu Santo.
La experiencia no acaba en los tres días de Cursillo. Los responsables afirman que allí los preparan para vivir el cuarto día, es decir, para enfocar su vida desde Cristo.
Y para ello les ofrecen una convivencia llamada “ultreya”, que se celebra una semana después del cursillo; un acompañamiento espiritual personalizado; la posibilidad de integrarse en los movimientos y parroquias de la diócesis, o en la Escuela de formación; y la de formar grupos de vida que sigan profundizando en su fe, a través de la formación, la celebración, la oración y la acción... y que sea lo que Dios quiera, porque es Él el que se hace el encontradizo con cada persona que se pone en camino y se deja encontrar por Él.
