En la Solemnidad de la Santísima Trinidad celebramos la Jornada Pro Orantibus, un día para orar por quienes oran todos los días por todos, la vida contemplativa. El padre carmelita José Manuel Fernández es el delegado para la Vida Consagrada.

«Acérquense a un monasterio para conocer la labor de estas grandes mujeres»
José Manuel Fernández, padre carmelita, durante la entrevista E. LLAMAS

“¿Por quién eres?”, un lema muy sugerente para la jornada, ¿a qué nos invita?

Nos lleva a reflexionar en el origen de todo, en la razón por la cual hacemos las cosas, que es precisamente Dios; y, de ahí a recordar a recordar a aquellas personas que han entregado su vida a buscar el rostro de Dios y a transmitirnos su presencia, para que no olvidemos dónde está el punto de partida de todo.

¿Cómo está la vida contemplativa en nuestra diócesis?

Este año ha habido alguna profesión pero necesitaríamos muchas más vocaciones. El Señor sigue llamando, aunque a veces parezca que es difícil escucharlo.

¿Qué supone para el padre José Manuel ser el delegado para la Vida Consagrada de la diócesis?

Para mí es un motivo para dar gracias a Dios porque me ha ayudado a conocer y a valorar, todavía más, el tesoro que tenemos en la vida contemplativa, que es un don del Espíritu para la Iglesia. También me ha ayudado a poder compartir esa entrega y generosidad tantas veces callada y escondida detrás de unos muros. Esta jornada tiene también la intención de hacer visible tanta generosidad como hay tras los muros.

¿Qué destacaría de la vida contemplativa?

La generosidad y la entrega. Todo lo que hacen es por el bien de los demás, siempre están al servicio de los demás, para que todos puedan llevar adelante su tarea en este mundo. Viven con la mayor perfección posible su vocación, para servicio de la Iglesia. Y no me olvido de su alegría. Una alegría que brota de vivir en la presencia de Dios, aunque vengan momentos difíciles.

A partir del 30 de junio, la congregación le encomienda una nueva tarea. Lo vamos a echar de menos.

Así es, termino mi estancia en Málaga y comienzo una nueva en la ciudad de Segovia, donde se conserva el sepulcro de san Juan de la Cruz. Eso significa que también estoy terminando mi tiempo  como delegado para la Vida Consagrada y como párroco de Stella Maris. Han sido 18 los años destinado en Málaga, en la tierra donde nací. Me voy muy contento por la generosidad y el cariño de la gente de la diócesis.

Una sugerencia para vivir esta Jornada de la Santísima Trinidad.

Si pueden, acérquense a un monasterio para ver “in situ” la labor de estas grandes mujeres por nosotros; den gracias a Dios por su entrega y generosidad hasta el último día de su vida; y colaboren con la colecta extraordinaria de este domingo porque ellas se ganan la vida con su trabajo pero los monasterios en los que viven tienen muchos gastos extraordinarios a los que no pueden hacer frente.