La Iglesia celebra este 15 de agosto la solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los Cielos, una de las grandes fiestas del calendario litúrgico y una celebración profundamente arraigada en la tradición cristiana. Así lo explica Alejandro Pérez Verdugo, delegado diocesano de Liturgia y canónigo de la Catedral de Málaga, quien sitúa los primeros testimonios de esta celebración en Oriente, ya en el siglo IV.

La Asunción de la Virgen, una fiesta de fe, consuelo y esperanza
Imagen de la Asunción de la Virgen en la capilla de Santa Bárbara de la Catedral de Málaga //CABILDO CATEDRAL

«Es una fiesta muy importante en la vida de la Iglesia Católica», señala Pérez Verdugo en el vídeo publicado en redes sociales por el Cabildo Catedralicio, al tiempo que recuerda que la fe en este misterio de la Virgen se remonta a los primeros siglos del cristianismo. En Oriente comenzaron a celebrarse las fiestas llamadas del «Recuerdo de la Virgen María», que posteriormente serían conocidas como fiestas de la «Dormición de la Virgen María».

La tradición cristiana fue vinculando progresivamente el destino de María con el de su Hijo. Según explica el delegado de Liturgia, en Oriente se extendió la idea de que, «del mismo modo que Cristo fue resucitado y ascendió al cielo, ella también es asunta al cielo», de manera que la Asunción constituye «un dogma paralelo a la Ascensión».

La celebración pasó a adquirir también especial importancia en Occidente a partir del siglo VII. Sin embargo, la definición dogmática no llegaría hasta mediados del siglo XX. Fue en 1950 cuando el papa Pío XII proclamó el dogma mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus, después de consultar cuatro años antes a los obispos de todo el mundo.

«Todos los obispos del mundo que representan todas las iglesias locales fueron los que dijeron que estaban de acuerdo, por unanimidad», explica Pérez Verdugo. De este modo, considera que el Papa «lo que hizo fue rubricar la conciencia de toda la Iglesia, de la Iglesia Universal sobre el dogma de la Asunción de la Virgen María a los cielos en cuerpo y alma».

Más allá de la formulación dogmática, la solemnidad del 15 de agosto mantiene además una importante dimensión popular. En numerosos lugares de España se conoce como la «Virgen de Agosto», una denominación que, según el delegado diocesano de Liturgia, explica también la vinculación de esta jornada con numerosas patronas y advocaciones marianas.

«Es importante también decir que esta fiesta en los pueblos, en la diócesis, no sólo de Málaga, sino en muchas diócesis españolas, es la llamada Virgen de Agosto, popularmente se le llama así», apunta. Muchas advocaciones marianas que no están vinculadas directamente a un misterio concreto del Señor o de la Virgen «se asimilan a este día», por lo que el 15 de agosto se convierte para numerosos pueblos y ciudades en la fiesta de su patrona.

En la Catedral de Málaga, la solemnidad cuenta con un horario litúrgico propio de una jornada festiva. La celebración comienza con la misa vespertina del día anterior, a las 18.30 horas, mientras que el día 15 se celebran misas a las 9.00, 10.00, 11.30 y 13.00 horas.

Para Pérez Verdugo, el sentido último de la solemnidad trasciende la propia celebración de María y apunta hacia la esperanza cristiana. «Celebremos con gran gozo esta fiesta litúrgica muy importante», en la que el prefacio de este día va a subrayar «fundamentalmente lo que tiene de consuelo para el pueblo de Dios» y, sobre todo, «lo que tiene de esperanza».

La Asunción presenta así a María como signo de la esperanza a la que está llamada toda la comunidad cristiana: «para que algún día también, como ella, podamos gozar en el cielo del lugar de la luz y de la paz de Dios».