Cada día de la Semana Santa en diálogo con María, a través de la obra del sacerdote Alfonso Crespo “La Pasión desde una mirada femenina”.

Sábado santo, el silencio
Lazarus

Una tradición popular ha hecho oración contemplativa el inmenso dolor de María. Meditar el misterio del dolor de María es, sobre todo, contemplar su inmenso amor. Un amor a Cristo como no ha existido nunca otro semejante en este mundo. Un amor llevado, a imitación de Cristo, hasta el extremo. El dolor de María se mide con la medida del amor. Y sólo el amor hace creíble y soportable el sufrimiento. Sufrir, si es por amor, es donación y entrega. Al amor hasta el extremo de Jesucristo, responde María con amor desbordado; por ello, también, al dolor sin medida del Hijo responde la Madre con la plenitud de los siete dolores.

-Cuéntanos tú, Madre, este mar de dolores, que nos adentra en la historia de tu Hijo. Dinos cómo aprender a descubrir que el dolor y la muerte, cuando es por amor, es dolor de bálsamo, y muerte que engendra vida.

-Quedé en la más profunda soledad... Comenzaban los días más largos. ¡Sin poder contemplar a mi Hijo, para qué me sirve la mirada!