Cada día de la Semana Santa en diálogo con María, a través de la obra del sacerdote Alfonso Crespo “La Pasión desde una mirada femenina”.
-La verdad, Madre, que no entiendo el porqué de este final que se avecina. ¿Aquel domingo de Ramos no comenzó con un éxito rotundo? ¿No entró entre palmas y olivos, con el aplauso de una victoria?
-Querido hijo, sí estuve allí. Yo siempre he estado junto a Él. Desde que lo llevé en lo más profundo de mi vientre ya no pude nunca separarme
de Él. Yo iba detrás, con las otras mujeres... contemplando la escena. Y recuerdo aún cómo mi Hijo volvió la mirada.
Sí estuve allí, en aquella tarde, quizás final de la mañana. Y divisaba el entusiasmo y contemplaba el aplauso. Pero bien sabía que entrábamos en Jerusalén, la ciudad que mata a sus profetas.
Aquel Domingo de Ramos, no fue un éxito sino un ensayo para después de la Cruz, en la mañana de Resurrección. Lo viví todo, hijo mío, con el corazón agarrotado por el dolor, pero ensanchado por la esperanza: yo sé, porque me lo confesó mi Hijo, que no puede morir para siempre quien nació para dar la Vida.
