Manuel Jiménez Bárcenas (Ronda, 1973) cumple en septiembre 23 años de sacerdocio. Convencido de la sinodalidad como signo identitario de la Iglesia, es arcipreste de Fuengirola-Torremolinos, párroco de San Manuel González en Mijas Costa, profesor del CESET San Pablo y, ahora, vicario territorial de la Serranía y la Costa del Sol.
¿Cómo recibió la noticia de ser el vicario territorial de Serranía y Costa del Sol?
El señor Obispo me envío un whatsapp citándome para hablar conmigo. Cuando nos encontramos, me dijo: «A la altura de curso que estamos ya sabrás para qué te llamo». Yo pensé que sería un cambio de parroquia y le dije: «A ver, sorpréndame». Y ¡vaya si me sorprendió cuando, en lugar de una parroquia, me ofreció ayudarle llevando la vicaría!
¿Cómo vive el cambio de etapa?
La verdad es que no puede decir que sea un cambio de etapa, sino una continuidad enriquecida. Me explico: no voy a dejar la parroquia porque realmente no hay sacerdotes suficientes para cubrir todas las realidades de la diócesis. Así que permanezco como párroco en San Manuel González en Las Lagunas de Mijas, así como con las clases en el Centro Superior de Estudios Teológicos San Pablo. Por otro lado, ya era arcipreste de Fuengirola-Torremolinos y ahí también hay una continuidad. La novedad es añadir a estas tareas la vicaría con los arciprestazgos de Marbella-Estepona y de la Serranía.
¿Con qué espíritu emprende este nuevo servicio?
Con mucha ilusión y agradecimiento. Primero, porque el señor Obispo haya confiado en mí para ayudarle. Creo que es una tarea apasionante intentar unificar todo el territorio con los criterios pastorales de la diócesis, sobre todo, en vistas a ese futuro plan diocesano que vamos a llevar a cabo. Me parece una oportunidad estupenda para que, en la variedad y riqueza que hay en la diócesis, la Iglesia brille con unidad. Es cierto, que en la tarea como vicario hay una parte más “burocrática”, podríamos decir, que puede ser más tediosa, pero ¿en qué trabajo no existen esas situaciones? Lo principal es que, como nos pedía en la jura del cargo, los vicarios trabajemos felices, unidos y serviciales para el bien del pueblo de Dios. A mí hay algo que me gusta mucho, que es el encuentro con los seglares de las parroquias, porque con los sacerdotes ya tengo las reuniones en las que compartimos tanto el trabajo como la vida. Pero el contacto con los fieles me ayuda a estar muy pendiente de la realidad y conocer el trabajo y la ilusión con que viven y sienten sus comunidades parroquiales. En mi tarea como arcipreste es algo que me llena de alegría: ir a las parroquias a confirmar, y encontrarme con catequistas y otros feligreses a los que conozco y me cuentan que están contentos en sus parroquias y con sus curas es algo muy gratificante. En este sentido yo apuesto porque la gente de las distintas parroquias también se conozca entre sí. Cuando hacemos encuentros de arciprestazgo siempre les digo lo mismo: no mires solo a ese que conoces, diciendo «es de mi parroquia», conoce al que todavía no sabes quién es para que, en el próximo encuentro, digas «es de mi arciprestazgo». El reto ahora es trasladar ese espíritu a la vicaría.
«No tenemos sacerdotes suficientes y la mies es mucha… Admiro a los hermanos sacerdotes que están dando su vida por atender a la porción del pueblo de Dios que les ha sido encomendado»
¿Qué conoce de su vicaría?
La zona del arciprestazgo Fuengirola-Torremolinos la conozco bien porque llevo 18 años en ella y 12 siendo su arcipreste. Yo soy nacido en Ronda y allí vive mi familia, con lo cual conozco también esa realidad. Es cierto que, hasta el momento, no he estado muy metido de ella, porque nunca he querido interferir en el trabajo de los hermanos sacerdotes que ejercen su ministerio allí, pero no por ello he dejado de estar al tanto de aquella realidad. La zona Marbella-Estepona también la conozco, porque habitualmente es el paso entre Mijas costa (donde vivo) y Ronda (donde viven mis padres). Pero más allá de conocerla geográficamente, también sé un poco de aquella realidad por sacerdotes amigos que han pasado por ese arciprestazgo y con los que he compartido sus impresiones. Ya me he reunido con los equipos de sacerdotes de ambos arciprestazgos y he visto en ellos ganas de trabajar unidos y con mucha ilusión, aunque también veo que tienen un volumen de trabajo muy grande, al que hacen frente con todos sus recursos, pero para el que necesitarían ayuda de algunos sacerdotes más. El problema, vuelvo a comentarlo, es que no tenemos sacerdotes suficientes, con lo cual el trabajo se multiplica, la mies es mucha… Se hará lo que se pueda y admiro a los hermanos sacerdotes que están dando su vida por atender a la porción del pueblo de Dios que les ha sido encomendado.
¿Qué reto supone implementar la sinodalidad en esta zona?
Yo estoy “a tope” con ese tema. En mi parroquia hemos trabajado el Documento Final durante este último curso y practicado la conversación en el Espíritu para hacerlo algo habitual. La verdad es que el planteamiento del Sínodo lo considero como un soplo del viento del Espíritu que le hace falta hoy a nuestra Iglesia e intento transmitir esa ilusión y esa esperanza que suscita en mí. En el arciprestazgo lo hemos trabajado también y vamos viendo fruto en la gente. Ahora tendré que informarme de cómo está el tema en el resto de la vicaría y trabajar con las comunidades para implementarlo. Esta es una de las acciones más bonitas que me planteo como vicario de la Serranía y la Costa del Sol.
¿Una parroquia que recomiendes visitar este verano para empezar a conocer más esa zona?
Podría ser cualquiera de las que hay en la Serranía de Ronda. Allí hay un patrimonio artístico y espiritual impresionante, pero, al haber descendido el número de habitantes en la zona, son las iglesias que más se han deteriorado y necesitan una intervención más urgente. Una visita a estas iglesias serranas nos hace comprender mejor el sentido de la colecta protemplos que la diócesis hace todos los veranos para que estos templos puedan seguir ofreciendo el servicio religioso a sus pueblos, por muy pequeños que estos sean.
