Esto del Facebook tiene sus ventajas.
Huroneando por la red me he encontrado este escrito-pensamiento que me ha vuelto a poner los pelos de punta.
“Ayer viví creo que el momento más duro que he vivido en mi profesión. Un parto natural, en cuclillas, otra cultura, una mujer agradecida, que te abraza, te da besos y en su idioma te bendice, un bebé sano que se agarra a la vida nada más nacer, un tú a tú... Y cuando llegaba la calma algo se truncó. Sorpresa, incertidumbre, duda, culpa, miedo... todo inundó aquel lugar que hace un momento estaba tan lleno de vida... profesionales que como héroes llegan a tiempo... y cinco horas interminables donde solo podía rezar y abrazar a un pequeño de casi 4 Kg. que parecía darse cuenta de la situación y no daba un ruido... el milagro sucedió... Y aunque no hubo una explicación que nos convenciera a ninguno de los que allí estábamos, Imane revivió, volvió como si todo hubiera sido un sueño, y desde la UCI le mandaba besos a una foto que le enseñaba en mi móvil de su bebé... Hoy seguro que ya lo tiene entre sus brazos. Qué mañana más mala y más buena a la vez... una vez más la vida me pone señales que me demuestran cómo debemos disfrutar de la vida minuto a minuto... Porque en uno solo de ellos puede cambiar por completo. Sed felices”.
Esto lo escribe una matrona joven -de “ventipocos” años- que cada día se enfrenta con la tarea de ayudar a dar vida. Una especie de oración que nace del alma y que demuestra el amor y la solidaridad humana. En un hospital español una africana tiene la suerte de dar con un equipo que la lleva en volandas hacia la felicidad.
Estos jóvenes, a diferencia de algunas manadas, si que nos dan ejemplo a los mayores y nos reconcilian con una generación que, con mucho esfuerzo, hemos generado nosotros. Especialmente esta matrona coraje. Mi hija Carmen Montes.
