Además de ser el fruto indeterminado del peral, ¿Por cierto es pero o pera? La palabra “pero” es una conjunción inquietante.

Pero...

     Ya el diccionario advierte la mala leche de la palabrita al considerarla conjunción adversativa. Es decir, una conjunción que cambia el sentido de todo cuando le antecede.

    He sufrido en mis propias carnes el sentimiento de frustración que se recibe cuando te llenan de elogios, en público o en privado, en tu presencia o en tu ausencia, cuando finalmente continúan diciendo o escribiendo… pero.

    Se va al traste cuanto de bueno o de positivo se haya dicho anteriormente. Ese pero elimina por completo lo anteriormente elogiado. Lo hacemos muy a menudo. Parece que nos molestan las bondades o los méritos del citado e inmediatamente los contraponemos con algún pero que le quite calidad a lo mencionado.

     El pero también nos sirve como excusa para justificar el condicional que termina siendo una negación. Yo haría pero…; me gustaría acompañarte, o ayudarte pero… Al final es que ni voy, ni hago, ni quiero porque no me da la gana.

     Pienso que los mayores debemos ir podando los peros de nuestro huerto; dejándonos de excusas que nos quedan cuatro pelados. Y si no nos gusta alguna cosa, lo decimos sin reparo. Pero… voy a cambiar todo el sentido a lo anteriormente dicho. Lo mejor es quedarnos con lo bueno de todos los demás y aceptar sin peros sus defectos. El amor y la comprensión se basan en aceptar los errores y las dificultades de los demás. El obviarlos y no resaltarlos. Alguien escribía hace años: Si no puedes alabar… cállate.

     Espero que no pongan muchos peros a este segmento.