He aprendido con bastante soltura a auto-relajarme. Ya puedo entrar, directamente en un estado profundo de manera rápida, con una frase o palabra clave previamente aceptada. En pocos minutos me refugio en mi castillo interior.

Diario de una adicta (LXVI). El recurso de la relajación
Relajación

Me acuerdo que ese castillo también lo alcanzaba con la droga, pues me apartaba de la realidad y me hacia pasar un buen rato; aparcaba los problemas y me ilusionaba con que al despertar, las cosas estarían mejores, y la paz que me producía separarme de todo lo que rodeaba, representaba una experiencia por la que merecía la pena pagar lo que fuera; después, ya se sabe que el desastre era el resultado. Pero lo que actualmente experimento no tiene nada que ver, pues se acompaña siempre de una sensación de seguridad y armonía que perdura y permanece de manera constante y consciente. Tengo conciencia de poder organizar el contenido de mi conciencia con lo que deseo, y también poder barrer definitivamente las motivaciones que la droga ha fabricado en mi mente.

He empezado a prepararme para salir a la calle y enfrentarme a las situaciones que se me presenten con una actitud de amabilidad, serenidad y bondad, que son los instrumentos terapéuticos más eficaces para conservar y aumentar la armonía interior. Interpretar la realidad en sentido positivo es generalmente acertar, y de camino: ¡qué paz!, y cómo se ven las cosas.

Hemos iniciado este objetivo, con ganas pero con mucho miedo. Es verdad que el miedo nos vuelve cobardes, pero no voy a permitir que ese miedo me frene en mi trabajo. No me apetece salir, pero actualmente no son los sentimientos de temor a enfrentarme a la sociedad los que predominan en mi mente, sino que no quiero perder tiempo, ahora que estoy a por todas, y los frutos de mi trabajo se están haciendo evidentes en mi manera de pensar, y por supuesto en mi conducta.

Arturo y Carmen han coincidido en que empiece a salir. Ya he “salido” muchas veces pero desde el estado de relajación y de manera virtual. Me he entrenado en escenas en las que me encontraba con personas desconocidas y conocidas. He llegado a visualizar escenas con Roberto, y no he tenido reacciones raras o desagradables, y también con personas que me hicieron sufrir mucho, entre los que se encuentra Juan, y realmente las he realizado con cierta normalidad y sin que el corazón se me desbocara. El pensar en ello ya no me provoca ninguna opresión en el pecho. Empiezo a desterrar ese miedo, pero  me encuentro tan bien en mi casa, que no me planteo ni salir ni recuperar amistades, sino seguir trabajando para fortalecer mi vida interna y consolidar la relación afectiva con mi familia.