Mi amigo Valentín está malito. Lleva unos cuantos meses con un duro tratamiento que a veces le deja el cuerpo molido.

Celebrando la vida

Pero hay otra faceta de su persona en la que no hace caso de análisis ni de controles. El espíritu de supervivencia y el beberse la vida día a día. Valentín nos está dando un ejemplo de cómo poner al mal tiempo buena cara. Especialmente a mí, que soy el peor enfermo del mundo-mundial. Mi amigo habla, comparte, sonríe y nos da fuerzas a todos para que sepamos afrontar lo que la naturaleza nos depara.

Por eso, y para agradecerle su testimonio, nos reunimos la pasada semana casi cien personas para asistir a un concierto de jazz y de swing organizado por un sobrino y ahijado suyo. (Por cierto, un grupo extraordinario que nos transportó a la música de los mejores casinos americanos y a las canciones de toda la vida).

Allí estábamos sus familiares, sus amigos de la mili, sus colegas del teatro, los que hemos compartido muchos cursillos de cristiandad con él y cuantos han pasado por su vida a lo largo de muchos años. Acabamos yéndonos a cenar en amor y compañía, finalizando como siempre; con canciones y anécdotas.

Un acto muy sencillo pero muy importante por lo que significa. Reunirnos para agradecer el ejemplo que este hombre bueno nos ha dado en la salud y en la enfermedad, en el auge económico y en la crisis. Y que nos seguirá dando. Los mayores tenemos que valorar cada día de nuestra existencia y dejarnos de esperar al futuro para demostrar lo que nos queremos y nos necesitamos.