“Somos hijos del sueño, nacemos de un sueño,
del sueño de nuestros padres, del sueño de la naturaleza toda,
del sueño de Dios”.
María Zambrano, “Delirio y destino”
¿Quién no ha soñado alguna vez en su vida? A lo largo de nuestra vida, van pasando por nuestra mente y por nuestro corazón un mundo lleno de ilusiones, de sueños, de proyectos. Decía Julián Marías, el ser humano es un “ser futurizo: presente, pero orientado al futuro, vuelto a él, proyectado hacia él”. Nuestros proyectos de futuro nos mueve y nos orientan. Los sueños guían nuestro camino y nos lanza a vivir cada mañana. Decía Nietzsche: “quien tiene un por qué para vivir, tiene un cómo”.
Vivir una vida ilusionada. Dejar que los sueños sean esa fábrica de emociones que alivian los dolores de la vida; porque aquello que sientes y deseas te puede suceder. Pero, ¿Qué pasa cuando no hay proyecto de futuro, cuando no hay sueños e ilusiones?
Cuando los sueños se desvanecen y dejan de existir esos proyectos de futuro que nos orientan, andamos perdidos y desorientados. Andamos errantes, dando tumbos de un lado para otro, buscando un “no sé qué” que nunca logramos alcanzar; se quiebra nuestro corazón.
Creo, a mi parecer, que ese es el gran problema en nuestra España hoy. Los infinitos casos de corrupción han provocado una falta de credibilidad en los políticos. Sus propuestas y sus proyectos han perdidos credibilidad. No hay proyectos serios que ilusione, no hay sueños que alivien el dolor de la crisis. Vivimos un desencanto general. Dijo su majestad, el rey Felipe VI, el 25 de octubre: "Para una sociedad lo peor no son los fracasos, sino que no haya iniciativas o nuevos proyectos que hagan soñar".
Es hora de retomar nuestros sueños, de llenar nuestras vidas y nuestra sociedad de ilusiones. Ilusiones que van allá de las realidades vanas que nos marcan la sociedad consumista. Es hora de que la UTOPÍA llegue a nuestros corazones, de saber que no hay sueños imposibles ni tan lejos, de creer que otro mundo es posible, depende de ti, depende de nosotros, depende de todos. Me viene a la memoria una poesía de Mario Benedetti:
Dale vida a los sueños que alimentan el alma,
no los confundas nunca con realidades vanas.
Y aunque tu mente sienta necesidad, humana,
de conseguir las metas y de escalar montañas,
nunca rompas tus sueños, porque matas el alma.
Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco,
no los dejes que mueran de hastío, poco a poco,
no les rompas las alas, que son de fantasía,
y déjalos que vuelen contigo en compañía.
Dale vida a tus sueños y, con ellos volando,
tocarás las estrellas y el viento, susurrando,
te contará secretos que para ti ha guardado
y sentirás el cuerpo con caricias, bañado,
del alma que despierta para estar a tu lado.
Dale vida a los sueños que tienes escondidos,
descubrirás que puedes vivir estos momentos
con los ojos abiertos y los miedos dormidos,
con los ojos cerrados y los sueños despierto.
Mario Benedetti
No podemos olvidar que “somos hijos del sueño, nacemos de un sueño, del sueño de nuestros padres, del sueño de la naturaleza toda, del sueño de Dios”. Dejemos que el sueño de Dios se haga realidad en nuestras vidas, dale vida, en tu vida, a los sueños de Dios.
