A lo largo de la historia ha habido muchas razones para hacer la guerra. Las más antiguas son: querer lo que otros tienen y quitárselo por la fuerza, el robo. Las ideas políticas y revolucionarias también han sido motivos de conflictos.

Conflictos abiertos en el mundo actual
Conflictos en el mundo

Pero la razón más dura hoy es la del odio de un grupo étnico contra otro.  Etnias y grupos humanos que entran en la espiral del odio, la venganza.

En nuestra historia más reciente, tenemos la masacre en Ruanda, donde la tribu Hutus que en 1995, en apenas cinco meses, matan a más de 800.000 Tutsi. En la vieja Europa, el Mariscal Tito hace una limpieza étnica en la antigua Yugoslavia. Entre 1991 y 1997 mata a decenas de miles de musulmanes. Más de 100.000 personas mueren en dicha guerra.

Si miramos el mapa del mundo con los conflictos abierto actualmente, seguramente caeríamos en la desesperación de una paz mundial. El fracaso de la Sociedad de Naciones constituida después de la primera guerra mundial para establecer la paz mundial fue patente después de la segunda guerra mundial. Las Naciones Unidas, constituida después de la segunda guerra mundial, para establecer la paz mundial, no va muy desencaminada de la Sociedad de Naciones. Al igual que en la primera sociedad internacional, las ansias de poder, status y estrategias económicas, dominan las distintas resoluciones y actuaciones del ente internacional. Sólo hay que recordar que el 40% de las guerras actuales son mera repetición de conflictos mal cerrados.

Quizás porque muchos de los conflictos actuales son provocados, directa o indirectamente, por los Estados “fuertes” que con su derecho a veto y sus influencia económica manipulan las decisiones que se toman.

En África, nos encontramos con enfrentamientos en Sudán del Sur entre el pueblo Dinka y el pueblo Kiir, tribus diametralmente opuestas obligadas a entenderse por la descolonización del primer mundo, que divide los distintos países del continente africano con escuadra y cartabón desde un despacho; sin tener en cuenta las distintas tribus y las distintas culturas del continente. Lo mismo ocurre con la República Centroafricana, Níger, Chad, Camerún, Benín… El escaso interés de la comunidad internacional en el futuro de la región, la debilidad de las organizaciones regionales (comenzando por la Unión Africana) y la interesada fragilidad de muchos de estos Estados lleva a prever una continuación de la inestabilidad y de los conflictos violentos que hoy la caracterizan. Como dijo Aiko Dangote, empresario nigeriano: “sin educación y alternativa económica que ofrezca mejores expectativas de vida al conjunto de los habitantes de Nigeria, ninguna medida militar bastará ni para eliminar a ese grupo terrorista y mucho menos para superar a los desafíos que se enfrente el país”.

El pasado 14 de abril el grupo terrorista Boko Harám secuestraron a 272 niñas este grupo terrorista financiados por organizaciones “musulmanas de caridad”. Actúa en Nigeria desde 2002, sembrando el terror con secuestros, asesinatos... Pero solo ahora nos interesa hablar de él, con la venida el Estado Islámico.

A todos estos conflictos le sumamos las distintas epidemias que asolan las regiones, la hambruna, la alta tasa de mortalidad y tenemos como resultados a centenares de muertos cada día. Pero a pocos interesa,  ni a los medios de comunicación social. ¿Cuánto tiempo se dedica en los medios a estos conflictos abierto? ¿Por qué no interesa hablar de los conflictos del continente africano y sí de Irak, Afganistán, Ucrania? La respuesta la encontramos en el petróleo, el gas, y la estrategia geográfica de los distintos países “poderosos”.

La situación se complica en los países árabes. Cuando se cumple tres años de la mal llamada primavera árabe, sólo ha habido cuatro países en los que el dictador ha caído, pero en ninguno de los veintidós países restante se ha producido un cambio de régimen. El Estado Islámico se está imponiendo en Siria y quiere extenderse a Irak y Afganistán. Aunque con distinto grado de intensidad, las movilizaciones que experimenta el mundo árabe muestra claramente el agotamiento de unos regímenes políticos fracasados. Su suicida resistencia pronostica que la región seguirá sometida a convulsiones recurrentes, de las que ningún país está a salvo. Si a eso se añade que ni Afganistán ni Irak, ni mucho menos el que enfrenta a Israel con sus vecinos, son ejemplos exitosos de resolución de conflictos, podemos concluir que en la órbita árabo-musulmana se multiplican los focos de violencia que seguirán ocupando la atención lo que queda de 2014 y parte de 2015.

Y por último, terminar haciendo referencia a la “pantomima histórica” de Ucrania. Un país que está siendo utilizado como escenario de luchas de poder entre Rusia, UE y EEUU. Es penoso que se utilicen “pequeños países” para enfrentarse las potencias por gas, o por punto geográfico estratégico. Ese descarado “Comboy de ayuda humanitaria” que contenía armas no es otra cosa que lo que distintos países poderosos hacen en la mayoría de los conflictos actuales de una forma más fina. Rusia no supo disimular tan bien como otros. Al final, el país destruido está lejos des su despachos y ciudades, poco le va a afectar. 

Es de risas, pero sí. Los mismos países que se reúnen para buscar solución a conflictos, son los que, de forma encubierta, crean y alientan esos conflictos. No sé que será peor, el olvido de África o que se acuerden de Ucrania.