Es imposible evadirse de la polémica entre República y Monarquía que, por estos días, toma dimensiones auténticamente viscerales en la opinión pública española.

Monarquía o república

Lo curioso es que muy pocos parecen captar que, por mucho que radicalicen las posturas, ninguna fórmula podrá resultar novedosa dentro del panorama general, viejo y caduco, de esta sociedad occidental.

Han caído muchas lluvias sobre todo. Hombres y mujeres persisten en hallar la clave de la equidad, justicia y felicidad que perdieron a las puertas del paraíso terrenal. Las grandes propuestas políticas de la Ilustración- Liberalismo y Socialismo- que estallaron, a sangre y fuego, en la Revolución Francesa, están mohosas. El reto más difícil que tiene el hombre actual es creer en el hombre. Navegamos sin faro en la proa y hay mucha negrura alrededor.

Porque ¿dónde están los ideales? Quiero decir alguno todavía verde sobre la estepa del  tiempo. Todos amarillean rodeados de cadáveres de creencias. Quisimos matar a los ricos sin darnos cuenta de que los ricos éramos nosotros. Prueba de ello es que, después de tanto muerto, poco más de noventa y cinco familias (¡noventa y cinco¡) se reparten casi la mitad de la riqueza del mundo.

Monarquía, República… palabras campaneras que suenan siglos arriba, desde el XIX. Se han caído las flores de la esperanza, ¿queda algo por ahí? Monarquía o República… Pero, hombre, si mi bisabuelo ya sabía la copla entera. Y se la creyó. Salió a la calle. Luego volvió a casa, cerró las ventanas y anduvo en silencio hasta la muerte. Estaba de muy mal humor.

El Señor Jesús clama a los cuatro vientos pero hay mucho ruido. En realidad, no hay más que ruido. El Señor te cambia como un calcetín y te pone el corazón capaz de comer con el hambriento, beber con el sediento. Si te agarras a Él con la totalidad de tus fuerzas, ya verás.

Monarquía, República…. Pues también conozco la copla al dedillo y, luego, cuando vuelvo de la calle, me pasa como a mi abuelo: con un humor de perros.