Discurso de Mons. Satué en el traslado del Cristo de Mena (Jueves Santo 2026)
Mons. Satué en el traslado del Cristo de Mena //Canal Málaga TV

Queridos hermanos y hermanas, damas y caballeros legionarios, miembros de la Congregación de Mena, autoridades civiles y militares, cofrades y devotos, y todos los que hoy acompañáis al Cristo de la Buena Muerte, desde esta plaza y desde tantos rincones de España:

Cada año, cuando Málaga se reúne en torno a esta imagen tan querida, sentimos que algo profundo se mueve en el corazón de nuestra ciudad. El Cristo de la Buena Muerte no es solo una talla preciosa; es un rostro que nos mira, un silencio que nos habla, una presencia que nos sostiene.

Por eso vosotros, damas y caballeros legionarios, le profesáis una devoción tan especial, no solo cada Jueves Santo, sino a lo largo de todo el año. Este Cristo está presente en vuestros acuartelamientos, buscáis su cercanía en la vida cotidiana y, de manera particular, antes de emprender misiones difíciles en el extranjero. Lo consideráis, en definitiva, vuestro protector.

Y uno podría preguntarse: ¿cómo puede protegernos este Cristo muerto en la cruz, con su cuerpo amoratado, la sangre en las sienes y el costado, y la cabeza desmayada? A primera vista, parecería que no puede protegernos de nada. Sin embargo, sí lo hace, y de un modo muy real:

  • Cristo nos protege de la tentación de guardarnos la vida solo para nosotros mismos. Una tentación poco presente en las filas de la Legión, pero muy extendida en nuestra cultura actual, en la que a veces se admira más a quien es capaz de triunfar a cualquier precio que a las personas dispuestas a dar la vida por defender altos ideales.
  • Cristo nos protege de la soledad. Incluso en los momentos más duros, cuando nos sentimos incomprendidos, rechazados, fracasados o sin futuro, nos sabemos acompañados y sostenidos por Dios.
  • Cristo nos protege de la epidemia de post-verdad y fake-news. Esa epidemia que nos impide reconocer la dura realidad del sufrimiento de tantos hermanos que padecen y mueren injustamente, como Él, en tantos rincones del mundo. Nos protege de la ceguera que no nos deja apreciar las toneladas de bondad de hombres y mujeres de todos los credos e ideologías que, como este Cristo, entregan su vida por construir una sociedad más humana y fraterna, tal como Dios la sueña.
  • Cristo nos protege de la desesperanza. Junto a Él no solo podemos sentirnos “novios de la muerte”, sino también —y sobre todo— “novios y novias del Resucitado”; pues creemos, con palabras de Roger Garaudy, «que la muerte no puede llevarse vida alguna que viva más allá de su propio egoísmo; que el amor de Jesús pasó por el estrecho y triste pasillo de la muerte al mirador sin fin de la vida total. Creemos que Jesús está vivo por nosotros».

Quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecer la contribución de los militares y de todas las personas de bien al servicio de la paz y de la cooperación internacional, así como para expresar mi deseo de que este traslado sea para Málaga un verdadero momento de gracia: Que quienes camináis junto al Cristo de la Buena Muerte encontréis en Él consuelo para vuestras heridas, luz para vuestras decisiones y esperanza para vuestros proyectos. Y que María Santísima de la Soledad, que supo permanecer firme junto a la cruz, nos enseñe a sostenernos unos a otros en los momentos difíciles. Amén.

Finalmente, les invito a rezar por los caídos:

¡Oh, Dios! Padre Nuestro y de toda la humanidad, que premias con generosidad los actos nobles de los hombres y mujeres de bien: te pedimos que concedas tu amistad eterna en tu casa del cielo a cuantos hicieron oblación de sus vidas en el servicio de España. 

Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua

Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de dios descansen en paz. Amén

Y a nosotros, los que caminamos aún aquí en la Tierra, españoles de diversas creencias religiosas y concepciones de vida, ayúdanos a estar unidos en la construcción de la paz y la justicia. Por Jesucristo Nuestro Señor.