Ramón Muñoz Porras, delegado diocesano de migraciones El gran reto de las comunidades parroquiales de nuestros días es darle al inmigrante la posibilidad de que participe en la liturgia y de que pueda introducir elementos propios de su cultura en determinadas celebraciones.
«Es fundamental no perder de vista que la fe se expresa a través de la cultura de un pueblo», asegura el delegado de migraciones y gitanos. La acogida a los inmigrantes y refugiados no es sólo cuestión de solidaridad y de compartir, es «una oportunidad providencial para renovar el anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo», afirma el Papa al hablar de las «Migraciones y Nueva Evangelización».
–¿Cómo se puede aprovechar al máximo esa oportunidad en nuestra diócesis?
–El mayor número de inmigrantes que reside en Málaga viene de America Latina, que suele tener una fe católica muy arraigada. Benedicto XVI insiste mucho en que, en una sociedad muy secularizada como es la nuestra, estas personas pueden perder la fe en muy poco tiempo. El gran reto de la Nueva Evangelización, es anunciar el Evangelio a estas personas, hay que acogerlas, hay que darles la posibilidad de que vivan, celebren y expresen su fe como uno más. A aquellas personas que no tienen esa fe hay que hacerles ese primer anuncio, sin proselitismo. Intentamos que las distintas comunidades parroquiales tengan una actitud de acogida. La tarea es salir a su encuentro e integrarlos en la comunidad como un miembro más de pleno derecho.
PASTORAL ESPECÍFICA
–¿Incluso una pastoral específica? ¿Por qué?
–Debemos tener en cuenta que una eucaristía de bolivianos o paraguayos, por ejemplo, es muy diferente. Sus cantos y sus expresiones son muy distintas. Más diferente todavía es una eucaristía de subsaharianos, que en Málaga se celebra todos los domingos a las 12,00, en el templo de Cristo Rey. En ella, están cantando prácticamente todo el tiempo. Necesitan expresar la fe a través de su cultura y parte de esa cultura es cantar. Además, la realidad migratoria es una realidad transversal, abarca a niños de catequesis, a la liturgia, a Cáritas, es decir, afecta a todas las nuevas realidades que nos encontramos en la parroquia, a las que la pastoral general debe dar respuesta.
–¿Cómo ha cambiado la evangelización en un mundo globalizado?
–El cambio en la evangelización general se refleja en la evangelización de los inmigrantes, lo que comenzó con Pablo VI, se vio impulsado sobre todo con Juan Pablo II. Nos encontramos con unas sociedades culturalmente católicas en casi toda Europa, pero en las que el sentido de la fe se ha ido diluyendo. Sociedades que viven cada vez más secularizadas, al margen de la fe. En algunos casos incluso esa fe ha sido atacada y combatida. Juan Pablo II se planteó no sólo evangelizar a aquellos que nunca han escuchado la palabra de Dios, sino dedicar especial atención a aquellos que, viviendo en zonas de larga tradición católica, hoy la fe no les dice nada. Hay que volver a anunciar a Jesucristo como propuesta de salvación, clave de la Nueva Evangelización, se trata de "reevangelizar Europa" como afirma Benedicto XVI.
–Por último, ¿Cómo podemos como ciudadanos ayudar a que los inmigrantes se sientan parte de nuestra comunidad?
–Todos podemos colaborar facilitando las cosas, abriendo las puertas. Cada persona puede ayudar a su vecino inmigrante, al que se encuentra en el autobús. Todos debemos salir a su encuentro e interesarnos por su situación. Es una tarea que no nos cuesta nada y que supone mucho para los que se encuentran solos o perdidos. A veces sólo son necesarios pequeños gestos, simplemente una sonrisa en el autobús. Debemos tratarlos como a un igual al que hay que amar y respetar. En cada pequeña acción podemos anunciar a Jesucristo como única oferta de salvación.
