El pasado sábado 12 de marzo se celebró la jornada diocesana de migraciones donde cristianos procedentes de toda la diócesis se reunieron para compartir una jornada de formación en la que se han acercado a la realidad migratoria desde el análisis de la realidad social en la que vivimos. Reproducimos su reflexión a continuación.

«Mirar la realidad con los ojos del Evangelio para seguir construyendo comunidades fraternas»

“Al forastero que vive junto a vosotros, le mirarás como uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo” (Lv 19,34)

"En un clima de oración y de participación, de poner en las manos del Padre nuestros deseos de continuar construyendo una Iglesia samaritana y una sociedad inclusiva donde todos tengamos cabida, hemos tenido ocasión de compartir visiones y perspectivas en relación al fenómeno migratorio. La palabra de Dios y la doctrina social han constituido el elemento central que nos ha ayudado a situarnos en clave evangélica. El imperativo de considerar al forastero como hermano, y la llamada a construir una sociedad fraterna donde nadie, independientemente de su nacionalidad o situación social sea discriminado o excluido, son las llamadas al compromiso que marcan nuestra fidelidad al Evangelio de Jesús en el momento presente.

Con un deseo de abrirnos al amor de Dios, de poner en sus manos nuestros buenos deseos e intenciones, nuestras luchas y nuestras fatigas por construir comunidades acogedoras, la jornada comenzó con un emotivo y sencillo momento de oración comunitaria. Son muchas las dificultades, las trabas que desde muchos ámbitos se ponen a la integración plena de personas extranjeras; nuestros miedos y recelos en estos tiempos de crisis y de desconfianza ante un futuro incierto nos paralizan... Por eso, con un sincero deseo de conversión, de abrirnos al Espíritu, de dejarnos transformar por Él, comenzamos orando en torno a una vela encendida, símbolo de la luz de Cristo, que nos anima y empuja para serle fieles en el día a día, con gestos, palabras y hechos de vida.

Durante la mañana, utilizando la metodología ver-juzgar-actuar, hemos reflexionado sobre la realidad partiendo de nuestra vivencia concreta, confrontándola con la Palabra que nos interpela y nos invita a la conversión personal y comunitaria. Reunidos por grupos, hemos tenido ocasión de compartir la visión que en nuestros ambientes y en los medios de comunicación se tiene sobre el fenómeno migratorio, así como de confrontarla con los puntos de vista propios. La puesta en común posterior, con la riqueza de lo aportado por los distintos grupos, ha puesto de manifiesto que, desgraciadamente, en nuestra sociedad hay un enfoque demasiado simplificado del fenómeno, alimentado por unos medios de comunicación que no van a la raíz de las situaciones, pues, en general, están al servicio de los que pretenden que asumamos que las personas inmigrantes son simple mercancía de usar y tirar en función de las necesidades del mercado productivo. Comentarios negativos que muestran al extranjero como un “competidor desleal”, como personas sin derechos sociales básicos, que colapsan los centros educativos y sanitarios, que ocupan puestos de trabajo que deberían estar en manos de “nacionales”, ahora que el paro aumenta, o comentarios racistas en torno a su presencia y sus costumbres fueron señaladas en el plenario como elementos más importantes de la situación actual. Visión que, en cierta medida, también se comparte en nuestras comunidades. Sin embargo, frente a lo anterior, también pudimos comprobar que son muchos los cristianos y personas de buena voluntad que se sienten llamados a construir una sociedad fraterna donde todos quepamos, que asumen la dignidad de toda persona como hija de Dios, y que tienen en cuenta un análisis más profundo del momento actual en el que nos encontramos. Así, se puso también de manifiesto que no podemos olvidar la aportación de la población inmigrante, su contribución al desarrollo económico, su inserción en los sectores productivos rechazados por la población nativa, el papel de muchas mujeres emigrantes que se ocupan de nuestros mayores y enfermos, el rejuvenecimiento de la población, la aportación de sus valores familiares y humanos, el enriquecimiento de las comunidades parroquiales con hermanos que comparten la fe desde una experiencia del Evangelio inculturado en su realidad concreta...

Toda esta reflexión fue el punto de partida que nos abrió a una visión de la realidad en clave evangélica. Diversos textos bíblicos y lecturas de encíclicas sociales pusieron las claves desde donde debemos mirar y afrontar esta realidad: desde el amor al forastero y desde la no explotación del pobre, independientemente de su origen o nacionalidad. El análisis de estas lecturas nos sirvió para comprender que no se trata de dividir, sino de unir. Hijos todos de un mismo Dios, es ahora el momento de trabajar juntos para que no se continúen debilitando unos derechos básicos que son patrimonio de todos. Como subraya Benedicto XVI, todo inmigrante es una persona humana que, como tal, posee derechos inalienables que han de ser respetados por todos y en cualquier situación. Este hecho se traduce, en el momento actual, en asumir, personal y comunitariamente, que lo que está en juego no son “nuestros derechos”, sino las posibilidades de una vida digna para todos los que convivimos en nuestros pueblos y ciudades. Fue éste el punto de partida para nuestro actuar.

Reunidos nuevamente por grupos y con una dinámica participativa y creativa, nos propusimos y asumimos públicamente compromisos concretos en el plano personal, en la familia, en el ambiente de trabajo y del barrio, en nuestras comunidades… y expresamos la necesidad de un compromiso permanente y concreto como Iglesia local, que ayude a visualizar esa perspectiva de un nosotros inclusivo, y que se convierta en referente que exprese que es posible convivir desde la integración y no desde la exclusión. Esa fue la conclusión de nuestro actuar, una llamada a que como Iglesia nos sintamos comprometidos, y pongamos los medios e instrumentos necesarios para ser una comunidad viva que pone en el centro de su vida celebrativa, formativa y de acción social el compromiso por una sociedad más justa y humana.

 La jornada de la tarde estuvo dedicada a exponer diversos materiales que nos ayuden a presentar esta visión integradora de la realidad en las comunidades y grupos de nuestra diócesis. Presentaciones de diapositivas, documentales y películas, material educativo impreso y varios enlaces en la web son instrumentos atractivos para acercarnos al fenómeno migratorio con la mirada de Jesús, recordando nuestro pasado emigrante, mostrando las causas de la emigración, empatizando con la vida de tantos hermanos que se ven obligados a dejar su país de origen en busca de un futuro incierto, conociendo la realidad de otros pueblos y culturas, interpelándonos sobre nuestros propios prejuicios y estereotipos... Estos  materiales están en la Delegación de migraciones y gitanos a disposición de quien los pueda precisar.

El encuentro nos ha servido para confirmar, como línea pastoral, la necesidad de seguir insistiendo en la sensibilización de nuestras comunidades parroquiales, superando estereotipos e imágenes falsas que circulan sobre la inmigración, y fomentando la llamada a ser comunidades acogedoras.En definitiva, la jornada ha sido un momento importante de encuentro, de reflexión y de análisis que nos anima a seguir trabajando, como comunidad diocesana, por la construcción del Reino de Dios, un reino de paz, justicia y verdad donde todos tenemos nuestro sitio al lado del Padre compasivo y misericordioso.

Galería de imágenes de la jornada